Grada de aficionados sevillistas en el encuentro de Copa del Rey frente al Betis. |Imagen: Sevilla FC

Hoy quería escribir sobre el partido celebrado ayer entre el Sevilla FC y el Mirandés, perteneciente a la Copa de SM el Rey. Como bien es sabido, el encuentro se saldó con la victoria de los de Nervión y su consecuente pase a semifinales. Pero ya se ha hablado bastante de esos noventa minutos, de sus goles, del sorteo celebrado esta misma mañana, por lo que al final estas líneas van a discurrir por otros derroteros.

Hace veinticuatro horas, el Sevilla FC tenía conocimiento de una nota informativa publicada en la web del Consejo Superior de Deportes sobre las decisiones adoptadas por la Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la intolerancia en el Deporte. A simple vista parece un hecho de considerable repercusión, máxime cuando las advertencias sugeridas en dicha nota y hasta al cierre del estadio.

El caso es que este suceso me recuerda mucho al que se ha estado hablando estos días y que ha hecho que tantas personas se rajen las vestiduras lanzando todo tipo de improperios: el del famoso torero y su hija. Sin entrar en valoraciones sobre la actitud del club, sus seguidores y el Consejo Superior, sólo hay que tener en cuenta una cosa que no es otra que cada uno actúa según su código. Por tanto, es de entender que la Comisión a la que se refiere la nota informativa haya considerado que hay una serie de acciones que sobrepasan las líneas rojas estipuladas. A su vez, hay que saber que desde hace años los clubes de fútbol trabajan codo con codo con las fuerzas de seguridad, e incluso a nivel interno de la asociaciones deportivas, para erradicar toda actitud que vulnere algún tipo derecho fundamental.

Aun así, el club no se ha quedado de brazos cruzados y se ha puesto en marcha para estudiar con sus servicios jurídicos los elementos citados en el requerimiento aunque algo me dice que esto va a ser un «que si tú, que si yo» y que cada uno lleve su propia verdad.

Lo que no hay que olvidar es que los clubes no son más que asociaciones a las cuales puede pertenecer cualquier individuo que cumpla las reglas establecidas. No creo que sea de recibo que tenga que haber un responsable cual institutrz en cada grada custodiando por lo que se hace o se dice. Eso sí, tal vez un poco más de control por parte de la organización no estaría de más, es decir, vincular cada localidad a un DNI, ampliar los circuitos de televisión cerrados para poder «vigilar» esas actitudes y, sobretodo, tener en cuenta que quien no cumpla con el protocolo interno será expulsado como aficionado.

Con esto no digo que el Sevilla lo haya hecho mal, pero que si se toman ciertas medidas, otro gallo nos cantaría. Y por cierto, todos aquellos que se levantaron contra el torero, la niña y el becerro ya podrían pronunciarse. Que los niños también son niños dentro de los campos de futbol.

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