A alguien se le olvidó decirnos algo. Caducó la advertencia de que la vida también regalaba instantes visionarios. Y quizás, a menudo hemos tratado de buscar un reflejo de nosotros mismos. Y sumergidos en un oasis de ingenuidad, acudimos al espejo más cercano. Pero no olvidemos algo. Nunca, jamás, un simple reflejo podrá captar lo esencial, lo abstracto. Aquello que vemos, es sólo el principio. El comienzo de todo un partido por delante, y en este caso, la prórroga puede llegar a ser incalculable. Una identidad dependiente de lo físico, ignora visión para luego crear imagen. Es la fotografía de un oasis personal. La valía de entregar la percepción de nosotros mismos a un espejo, juega en el terreno de lo equivocado. Y en ese campo desesperado, parece que domina una sola voz. El reflejo físico, es a la vez árbitro y entrenador. No hay nada nuevo en el espejo del cuento de Blancanieves, y aún así. Aún conociendo las estrategias de su juego, levantan pulgares, adoptan nuevas alineaciones e intentan centrar el partido en cumplir exigencias ignorantes.

Querido lector, no hace falta que nos digan algo. Sabemos perfectamente, que el mundo gira en torno a fichajes superficiales. Es la primacía de lo instantáneo y los medios de comunicación, se han apuntado a tal equipo. Y todo esto, provoca una gran anorexia visionaria. Personas que padecen tal enfermedad, han colocado la banda de capitán a un mero reflejo. Y da igual, qué importarán las voces de la grada cuando la estrategia del espejo manda. Como si de un juego se tratase, cumplen órdenes que llevan al terreno de nadie. Vértigos de miedo en bajadas de peso, identidades desnutridas, autoestimas que rozan el descuidado césped de un campo, y todo por ignorar algo. Es necesario una patada visionaria. Pero para ello, seamos delanteros delante del espejo. Sabemos que el área es la clave para cumplir un objetivo. Y un jugador, antes de que su pie opte por la osadía de tocar el balón, tiene la capacidad de visualizar el gol. Tiene visión. Sabe, conoce, la dirección de portería. Bienvenidos al primero de muchos instantes visionarios. Eso sí. Para llegar a apreciarlos, son necesarias las palabras de un entrenador. Alguien, una persona que nos enseñe a andar en visión. A reírnos delante del espejo, a que no nos limitemos a ser lo que dicen que somos. En definitiva, alguien que dibuje estrategias para ser pioneros en patadas visionarias.

Y entonces, sólo entonces. Cuando sepamos apreciar aquello que hay más allá de lo que nuestros ojos ven, seremos jugadores visionarios. Jugadores con visión que se ríen de modelos superficiales, de identidades bajo el umbral de la moda. Somos más, mucho más que lo físico. En nuestro interior, confluyen toda una infinidad de campos. Y cada uno tiene su propia llave de vestuario. La gran decisión de dejar que otros descubran algo más que un mero reflejo, depende de nosotros mismos. Hagamos que los espejos de esta sociedad, sean rotos a base de patadas visionarias.

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