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Eduardo Cruz Acillona | El cristal con que se mira. Artículos de opinión sobre el Sevilla FC

Confieso que uno de mis vicios confesables, valga la redundancia, es conocer cada año el nombre del nuevo galardonado o galardonada con el Premio Nobel de Literatura. No tanto por hacer bromas y chanzas a costa de Murakami en redes sociales, que también… No tanto por presumir, como este año, de que de Peter Handke lo he leído casi todo, que también… No tanto por reconocer, como este año (que el premio era doble), que de Olga Tokarczuk no he leído absolutamente nada, que también… Mi interés, sobre todo, viene por el deseo de que el apellido del premiado o premiada sea absolutamente impronunciable para los presentadores de informativos. Ver cómo se esfuerzan en pantalla para que la lengua no se les haga un nudo en directo no tiene precio. Inténtenlo ustedes si no, delante de un espejo, con nombres premiados en ediciones anteriores como Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich (2015), Elfriede Jelinek (2004) o Wisława Szymborska (1996) Divertido, ¿verdad?

Pues últimamente he de confesar que también me está pasando lo mismo con los emparejamientos de la UEFA Europa League. Si bien la clasificación de grupos fue un tanto aburrida en lo que a nombres de equipos se refiere (Apoel, Dudelange, Qarabag), todos ellos de relativamente fácil pronunciación, el paso del Sevilla FC a dieciseisavos de final abría un amplio margen para el cachondeo.

Así, ante los sencillitos y sin gracia Ajax, Oporto, Basilea, Roma, etc., el sorteo nos proponía nombres tan atractivos como el Başakşehir de Estambul, el Wolverhampton Wanderers inglés, el Shakhtar Donetsk ucraniano, el holandés Alkmaar o el germano Wolfsburg. Todos ellos con capacidad más que suficiente como para hacernos rememorar esas clásicas nochebuenas (o sea, todas) en que nuestro cuñado (porque siempre es un cuñado) se mete en la boca tres polvorones e intenta brindar a la vez un emotivo homenaje a la ciudad de los Sanfermines.

Cualquiera de los nombres citados hubiera saciado mi malévola afición de ver con inusitada atención los informativos deportivos en televisión. Cualquiera. Y, sin embargo, el azar, el destino, el capricho de las pelotitas en el bombo (llámenlo como a ustedes mejor les parezca) quiso hacerme un regalo de Navidad por adelantado, en plan amigo invisible pero de buen rollo, colocando en dieciseisavos de final, junto al sagrado nombre del Sevilla Fútbol Club, el del rumano CFR Cluj…

CFR Cluj. Es intentar pronunciarlo y visualizar, inmediatamente, a un tío partiendo nueces. CFR Cluj. Nueces.

De momento, y hasta el pitido de inicio del partido de ida, allá por el 20 de febrero, la risa floja la tengo asegurada. Luego ya será otra cosa. Esperemos que este equipo, fundado en 1907 por los trabajadores de la empresa de ferrocarriles de la ciudad rumana, sea el tren al que se monte el Sevilla para llegar a la estación de octavos de final sin excesivos sobresaltos en el trayecto.

Todo se andará y será en febrero. Mientras tanto, ¿hacen unas nueces?…

P.D.: Dice el míster que, por aquello de las rotaciones o de los festivos o algo así, la semana que viene me da descanso y, por tanto, no habrá artículo en esta sección. Nos vemos, pues, a primeros de año, justo antes del Sevilla FC – Athletic de Bilbao. Sean felices.

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