Eduardo Cruz Acillona | El cristal con que se mira
Eduardo Cruz Acillona | El cristal con que se mira

“Parásitos” es una película dirigida por el surcoreano Bong Joon-Ho que acaban de estrenar apenas hace dos semanas en las mejores salas de cine, que es lo que se dice siempre (vaya usted a saber cuáles son las peores), y que ha ganado la Palma de Oro en el festival de Cannes, recibiendo elogiosas y unánimes críticas en periódicos, suplementos culturales y prensa especializada de toda Europa y parte del extranjero.

“Parásitos” va de una familia pobre que vive en un cochambroso sótano en los suburbios de la ciudad y de una familia rica que vive en un casoplón con jardín infinito y vistas a todas partes. “Parásitos” también va de la relación tan imposible como estrecha de esas dos familias. Es comedia, es drama, es intriga, es suspense. Es dos horas y pico de proyección que se te hacen cortas. Es, en definitiva, y sin lugar a dudas, una obra maestra.

Y “Parásitos” es la película que le recomendé que fuera a ver el domingo por la noche a Sebastián. Porque Sebastián se ha llevado casi toda su vida yendo al Sánchez-Pizjuán con su hermano y viendo los partidos que el Sevilla jugaba fuera en su casa o en la peña más cercana, como dios manda. Todos salvo el derbi. Se jugara en Nervión o allí lejos, donde se sale para Cádiz por la carretera de toda la vida, Sebastián se iba al cine con su mujer y con el móvil desconectado. No quería saber nada del partido. Pero nada, nada. Siempre decía que su corazón sería incapaz de soportar esos interminables noventa minutos. Sólo cuando salía del cine y sabía que el partido había finalizado, llamaba a su hija y le preguntaba por el resultado.

El hermano de Sebastián murió hace años. Y su mujer, la primavera pasada. Ahora vive en una residencia donde, a nada que se despisten las enfermeras, es capaz de fundar la Peña Sevillista Pastillas Rojas y Blancas Que Las Verdes Son Placebo. Ya no va al estadio. Ve todos los partidos en la tele. Ha cambiado su localidad en la grada baja de fondo por una silla de ruedas pero la bufanda se la sigue poniendo con la misma liturgia de las grandes ocasiones, que son todas. Antes era capaz de largarte la alineación completa del equipo de cualquier año posterior a la Guerra Civil. Hoy apenas reconoce a Navas, le señala con su dedo tembloroso dirigido a la pantalla y le llama El Niño. Algunas veces pregunta extrañado por la ausencia en el once inicial de Kanouté, por quien sentía auténtica devoción, y hay que decirle que el descanso, las rotaciones y tal.

El domingo por la noche, su hija le llevó al cine. A ver “Parásitos”. El lunes por la mañana fui a visitarle a la residencia y le pregunté por la película. Su respuesta fue: 1-2. No veas cómo le brillaban los ojos. Una obra maestra, ya te lo decía al principio.

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