Dani Alves, con la camiseta del Sevilla FC, durante la victoria hispalense ante el FC Barcelona, el 3 de marzo de 2007 en el Sánchez-Pizjuán | Imagen: CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images
Dani Alves, con la camiseta del Sevilla FC, durante la victoria hispalense ante el FC Barcelona, el 3 de marzo de 2007 en el Sánchez-Pizjuán | Imagen: CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images

Con motivo de la magnífica iniciativa del Sevilla FC estos días en un loable intento por amenizarnos las largas estancias en casa, uno de estos días de confinamiento domiciliario emitieron uno de esos partidos que se quedan en la retina del aficionado por muchos años que puedan pasar.

Se trata del encuentro liguero correspondiente a la jornada 25 de la temporada 06/07, disputado el 4 de marzo de 2007 ante un Ramón Sánchez-Pizjuán hasta la bandera. En el verde, un Sevilla FC y frente a un FC Barcelona que acudía como líder con una plantilla que contaba en sus filas con Puyol, Xavi, Iniesta, Giuly, Ronaldinho y un emergente Leo Messi. Casi nada. Sin embargo, ese buen conjunto entrenado por Rijkaard tenía enfrente posiblemente a la mejor plantilla que nuestros ojos sevillistas hayan visto y verán, a la que el destino siempre le adeudará haber levantado, al menos, un título de Liga.

Recuerdo durante los años 2006, 2007 y 2008 acudir a Nervión con la absoluta certeza de que el Sevilla FC iba a pasar por encima del rival con independencia del escudo que llevaran en el pecho. Y esa noche no iba a ser menos. Es más, el destino quiso dar una vuelta de tuerca a la situación ya que, en el minuto 28 de partido, el conjunto rojiblanco se encontraba 0 a 1 en el marcador, con un penalti en contra señalado que había supuesto la expulsión de Aitor Ocio y con Ronaldinho pidiendo la pelota para prácticamente sentenciar el encuentro y asentar el liderato.

Pero fue entonces cuando se dio uno de esos momentos que cambian el curso de la historia y en este caso fue un pie. El de Andrés Palop. Lo que sucedió tras esa parada ya es historia pura del Sevilla FC. Una exhibición (con un hombre menos) de un equipo que, literalmente, barrió a un Barcelona que acabó pidiendo hasta la hora.

¡Qué nostalgia ver ese partido en un día como este, con nuestra rutina arrebatada por el dichoso virus!

Ahora más que nunca, se añora esa normalidad de acudir regularmente a Nervión para disfrutar o sufrir con nuestro equipo, pequeños ritos cotidianos que llenan de vida nuestra existencia. Puede que ese Sevilla FC arrollador de la temporada 06/07 nunca vuelva, pero actualmente tenemos una plantilla competitiva, que se encuentra en la tercera posición y viva en Europa. Disfrutemos de ello, pues puede que el día de mañana añoremos la situación actual como ahora mismo echamos de menos la normalidad en nuestras vidas.

Por ello, cuando pase el temporal, valorémoslo como es debido y hagamos que Nervión vuelva sonar como antaño, para asombro del siempre recordado y entrañable Andrés Montes. Como se suele decir, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

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