Las luces y sombras de la victoria ante el Espanyol

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La decimosegunda jornada de La Liga llegó al Sánchez-Pizjuán con un encuentro de altos vuelos que enfrentó a Sevilla y Espanyol. En una pugna constante por la segunda plaza ya vista en las últimas jornadas, ambos equipos salieron al verde a por los tres puntos. Además, la derrota del Barcelona y la posibilidad de ponerse a tan solo un punto del líder se añadía como aliciente a la ya de por sí anhelada victoria. El resultado final de 2-1, con remontada sevillista incluida, es sin duda el reflejo más fiel de un partido en el que ambos equipos dejaron luces y sombras. Aun así, el choque no decepcionó a los aficionados.

Sumar y seguir

La condición de partido clave que revestía al encuentro del pasado domingo no pasaba desapercibida para nadie y ni mucho menos para el club y los jugadores. La posibilidad de batir a un rival directo en casa, ante su público, y conseguir tres puntos vitales hizo que el Sevilla respondiera al 0-1 de la primera parte y volteara el marcador, que acabó por reflejar un 2-1. Misión cumplida. Tampoco la euforia sevillista pudo esconderse y el pitido final del árbitro dio con la grada convertida en fiesta y los jugadores abrazados y felicitándose. Y es que escalar hasta la segunda posición y ponerse a tan solo un punto del líder siempre es motivo de festejo. Tres puntos en el bolsillo y una buena dosis de moral son los dos grandes ingredientes que dejó ayer la victoria rojiblanca y que ayudarán a sumar y seguir durante las próximas jornadas.

A pesar de la alegría final, no en todo momento estuvo claro que el Sevilla pudiera cumplir con su cometido y algunos fallos de importancia pudieron costarle los tres puntos. Sin lugar a dudas, lo que peor hicieron los hispalenses fue encajar el gol. La falta de contundencia en el centro del campo durante buena parte del lance terminó por costarle al equipo el tanto de Borja Iglesias. La jugada del gol periquito pudo y debió haber sido abortada. Por otro lado, a la velocidad y claridad de los catalanes se contrapuso la lentitud y torpeza de los sevillistas en los contrataques, que en más de una ocasión podrían haber supuesto el empate antes del minuto setenta en el que acabó llegando. Además, la falta de balón durante buena parte de la segunda mitad provocó que el Sevilla saliera del partido. Por suerte para los andaluces, el Espanyol no supo aprovechar esa ausencia y quiso dedicarse a marear al rival.

Sin dejar de tener en cuenta lo anterior, también se ha de decir que la remontada sevillista no fue ni suerte ni casualidad. A pesar del gol encajado aún fraguando una primera mitad decente –atendiendo a las exigencias y dificultades del partido– el equipo no se vino abajo. El segundo tiempo comenzó con un Sevilla activo y dinámico que tuvo varias oportunidades. Además, tras unos largos minutos de incertidumbre y dominio del Espanyol, los rojiblancos supieron reactivarse, recuperar el balón y el sentido del juego. Las bandas volvieron a funcionar a diestra y siniestra y el gol, que ya se había rondado en varias ocasiones, llegó con un centro desde el córner que Mercado acertó a rematar. Por último, y con la victoria del lado andaluz, los hispalenses supieron hacer una buena defensa de un resultado que había que asegurar y que tocaba proteger durante los últimos compases del partido. El orden y la contundencia posicional de los once hicieron inútiles las embestidas blanquiazules.

No cabe duda

Como suele ocurrir cuando se enfrentan veintidós buenos jugadores con buenas dinámicas de equipo, algunos jugadores volvieron a brillar y otros vieron mermadas sus habilidades. Del lado sevillista, la incorporación inmediata de Ben Yedder en el segundo tiempo supuso sin duda una revolución. El francotunecino –de cuya presencia se dudó durante toda la semana– volvió al tapiz para demostrar que su sitio no es el banquillo. Su lidia constante con los centrales, sus caídas a banda, sus internadas por todos los huecos del área y su juego asociativo fueron factores claves para dotar de dinamismo al juego de un Sevilla que se veía un poco estancado en ataque. Tras varios intentos y un tiro al larguero, el delantero se zafó de la defensa y vio puerta batiendo con una definición perfecta a Diego López. Bien se podría decir que Ben Yedder fue el mejor de los nervionenses. Mirando a la zaga, la figura de Mercado apareció cuando más lo necesitaba el equipo. Su solidez defensiva, en consonancia con Carriço y Sergi Gómez, le valió para desmontar una jugada de mucho peligro al borde de la meta y que ayudaba a mantener la victoria. Sin duda, Mercado fue uno de los hombres claves del partido.

Frente a los más destacados de la noche, los lances del juego hicieron que tres futbolistas en especial no terminaran de tener su noche. Promes, que fue titular acompañano a Silva en la delantera, no consiguió dejar destellos de su calidad. Así, más que un mal partido, se podría decir que fue discreto, con apenas llegadas de peligro y una participación muy secundaria en el juego ofensivo, a pesar de su condición de atacante. En definitiva, no consiguió hacer su trabajo y no sería descabellado decir que fue el peor de los de Machín. En la zona de medios, Franco Vázquez y Banega, de sobrada y demostrada calidad, estuvieron desparecidos durante gran parte del juego. Si bien es verdad que tuvieron el balón en su poder, no acertaron a sacar su magia, lo que afectó seriamente a la dinámica del juego sevillista. Por suerte para los andaluces, al rosarino le bastaron unos segundos para dejar una pincelada de su calidad y dar la asistencia del gol del Ben Yedder. Con todo, su nivel no fue el de siempre.

Mano de entrenador

Aunque el partido se desarrolló por momentos y fueron los pequeños detalles los que definieron el resultado final, es de justicia mencionar que la mano del técnico soriano fue crucial para que esos pequeños detalles llegaran. La falta de participación de Promes no pasó desapercibida para Machín, que tomó la firme decisión de introducir a Ben Yedder. El buen partido del delantero puso de manifiesto el claro acierto del entrenador con su decisión. Además, la creencia firme de que el 2-1 era el resultado con el que la victoria debía llegar lo llevó a sacar los refuerzos. Así, con la entrada de Gonalons –dio libertad a Banega para poder conectar con los delanteros– y Amadou, el soriano dejó claro que sabía perfectamente lo que podía conseguir del partido.

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