"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca. La Colina de Nervión, noticias del Sevilla FC y mucho más

Estamos a mediados de febrero y ha florecido el azahar. La flor del naranjo se ha adelantado una cuarentena de días, lo que dura la Cuaresma, ese tiempo de espera tan sevillano, un tiempo que acaba con el Domingo de Resurrección y que también ha adelantado su fecha. Celta, Español… dos muertos a los que les hemos dado de vida. ¿O quizás es que nos han traspasado fuera de la ventana autorizada su cadavérica condición? Porque, una de dos, o el Vaticano promueve por la vía de urgencia la subida a los altares del Sevilla FC (es la única subida que podemos esperar, porque bajamos que escarbamos) y su beatificación inmediata, por probada capacidad para resucitar a quienes nada podían esperar, o estamos ante la clásica crónica de una muerte anunciada de cada año cuando llegan estas fechas. A Lopetegui se le está poniendo cada día más cara de Machín. Si no fuera porque es rubio y viste bastante peor, se diría que son gemelos, o al menos socios del mismo club, el Club de los Cabezotas Muertos, porque el vasco transita por una senda que cada vez se parece más a la del soriano. Hasta el punto de que podría ser que coincidieran en su fecha de óbito, si el equipo hace cluj en Cluj en un par de semanas y se vea obligado a tomar el camino de regreso al caserío de su ama.

De lo que ha ocurrido no tiene la culpa el VAR. Dicen que no se puede rearbitrar una jugada como la que culminó en el primer gol periquito. No estoy de acuerdo. El VAR entró a juzgarla por si hubo penalti, uno de los tres escenarios contemplados, y al hacerlo entendió que no lo era y sí falta al borde del área. Pero más allá de eso, es de perdedores culpar al instrumento de la pérdida de dos puntos frente al colista de la división. Si ese es el análisis, mal vamos porque no entramos a la raíz del problema. Un equipo que dice aspirar a meterse en Champions no puede esgrimir ese tipo de excusas.

Las victorias se consiguen marcando más goles que el contrario, y para conseguirlos hay que chutar. En el descanso las estadísticas que aparecieron en el marcador simultáneo, por si no fuéramos conscientes de lo que ocurría, nos ilustraron que el Sevilla FC solo había disparado dos veces en los primeros cuarenta y cinco minutos. Únicamente se buscó el arco contrario cuando el Español jugaba en inferioridad, solo lo hicimos a la desesperada, quién puede marcar así. No es cuestión de que esté De Jong o En- Nesyri. Esto no lo arregla ni Messi. Hay un problema de sistema, una incapacidad para llegar al área contraria que se ha agravado al perder la seguridad defensiva. Y más que la vamos a perder conforme avance la temporada por la ausencia de efectivos. Se marcha Carriço a China y se fue Pozo sin que nadie haya venido a sustituirlos. Tenemos tres centrales para dos puestos y un solo lateral derecho, reconvertido y de treinta y cuatro años, que tiene que jugarlo todo y corre el riesgo de romperse en cualquier momento, y entonces, en lugar de tener tres centrales serán dos porque uno tendría que sustituir a Navas y jugarlo también todo.  Y del lateral izquierdo, mejor no hablar, porque el titular debe de ser uno de los máximos accionistas de Instagram de lo retratado que sale en cada partido, y al suplente parece que ya no existe. ¿Será esta una cuestión de mala planificación, de aquello que se le acusaba el año pasado a un inexperto Caparrós?

Dicen los meteorólogos que se avecina una nueva borrasca y grandes olas desde el Atlántico. Como en tormentas tropicales anteriores, lejos de analizar las causas, los gobiernos municipales costeros se apresurarán pronto a arreglar los daños que se produzcan, y que los paseos marítimos y playas se reconstruyan tan rápido como les sea posible para que estén listos para destrozarse de nuevo ante la siguiente subida del mar. Nada, por tanto, que analizar, nada que variar. El Sevilla FC de Lopetegui parece también listo para hacer algo parecido en su borrasca particular. Si el año pasado sufrimos el tres-cinco-dos de Machín hasta el último día, el empecinamiento del vasco lo arrastra por la misma senda en versión cuatro-tres-tres. Esto tiene bastante mala pinta. Cortos de efectivos, con varios jugadores preocupados por su destino para la próxima temporada y empecinamientos varios, el futuro se está tornando sombrío. Vienen borrascas por el Atlántico. En Nervión estamos así desde la tormenta de Miranda. Y lo peor es que seguimos sin ponernos el chubasquero. La que se avecina.

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