Escrito en la hierba, la columna de Isaac Paez, en La Colina de Nervión | Imagen: La Colina de Nervión
Escrito en la hierba, la columna de Isaac Paez, en La Colina de Nervión | Imagen: La Colina de Nervión

Desde el pasado domingo, he puesto mucha atención en las diferentes opiniones acerca del porqué de la derrota ante el Real Madrid: la calidad del rival, la falta de puntería propia, el tradicional tema del 9 que no tenemos, etc. Para mí, más allá de todo lo dicho, el quid estuvo en la falta de equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisiaco. Lopetegui parece mejor entrenador de lo que todos creíamos, sin duda, pero el intenso rigor táctico que le intuyo puede ser como la mano de un padre que, a fin de proteger, acaba ahogando.

Nietzsche dijo que «el desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y lo dionisiaco». Y el domingo hubo mucho de apolíneo en el Sevilla, de orden y de seriedad como hoy se dice; pero vi poco éxtasis báquico. El Mudo, ese jugador distinto que aún no hemos comprendido, el único argentino sin el don de la oralidad (qué bello oxímoron) obedeció y tocó sin perderla y, a la vez, sin libertad; Banega jugó más en campo propio que allí donde sabe dañar con su visión propia del mitológico Linceo; Reguilón subía la banda con la actitud de un Sísifo condenado a empezar siempre de nuevo. Mientras que Navas y Ocampos me recordaban al protagonista de El proceso de Kafka, chocando una y otra vez contra una pesadilla sin final que parecían llevar instalada en sus almas.

Allí donde el orden no logra vencer hay que darle cancha a la creatividad. Quizás Lopetegui deseaba, en lo más profundo de sí, no perder antes que ganar. Era su día de venganza contra el Imperio de Florentino, algo muy serio. Pero debería haber sabido que, como nos enseñó Nietzsche «la madurez está en haber vuelto a encontrar la seriedad con que se jugaba cuando éramos niño», y los niños siempre se atreven allí donde los adultos negamos temerosos. La próxima vez, querido Julen, trata de pensar como hizo Kafka que «el miedo es nuestra sustancia, probablemente lo mejor de nosotros», así será acicate y nunca un freno. El miedo es incluso más fuerte que el Real Madrid, conviene recordarlo.

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