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Jugar con miedo

Si cobrara derechos de imagen por cada vez que su rostro sale en un meme viral en redes sociales, a estas alturas Joan Jordán sería multimillonario. Entre el episodio del palo en el derbi de infausto recuerdo y el papelón del domingo en Barcelona, el pobre Jordán ha pasado a ser carne de cachondeo, lo cual era impensable en su primera temporada en el Sevilla Fútbol Club, donde se estableció con pinta de llegar a ser un jugador serio y riguroso, como el juego que desplegaba entonces. Los dos episodios mencionados tienen una interpretación seria, por mucho que el personal haya preferido tomárselo a broma. El primero de ellos ya fue analizado en su momento y no viene a cuento volver a escarbar en tan deleznable hecho.

Del segundo, también se ha hablado mucho en los dos últimos días por cuanto representa la incapacidad que mostró nuestro Sevilla Fútbol Club en la segunda parte de su reciente visita al destacado líder del campeonato liguero. Por cierto, y como acotación al margen, el hecho de que el equipo que comanda con solvencia la clasificación en España ni siquiera haya superado la fase de grupos de la Liga de Campeones motivaría una reflexión seria, si es que fuera posible que los gestores del fútbol español fueran serios. Si Javier Tebas, Luis Rubiales y sus huestes tuvieron un mínimo de decencia y no fueran simples besadores de mano de El Padrino Florentino y de Juan Lapuerta, haría mucho tiempo que estarían pensando en cómo tener una competición que hiciera gala de dicho nombre, es decir, que realmente fuera, valga la redundancia, competitiva. Acotación cerrada.

Ciertamente, fue desolador observar en la pequeña pantalla la cara de Joan Jordán intentando descifrar durante varios minutos, y mientras el balón estaba en juego, el significado de aquella hoja de papel que le había llegado desde el banquillo del Sevilla Fútbol Club. Cuando un futbolista tiene que estar cerca de cinco minutos interpretando las instrucciones de su entrenador es que algo muy grave está ocurriendo. En primer lugar porque semejante desaguisado se pone de manifiesto poco tiempo después de salir del vestuario, lo que lleva a pensar que el tiempo de descanso no ha sido aprovechado por quien dirige a la plantilla. Y, sobre todo, porque revela una importante dosis de descoordinación y falta de entendimiento entre entrenador y plantel.

Había mucho interés por ver las diferencias en la evolución del Sevilla Fútbol Club actual y aquel equipo mortecino que compareció ante el mismo rival en el Sánchez-Pizjuán allá por el mes de septiembre. Durante la primera parte del encuentro del domingo, se vio un conjunto ciertamente muy mejorado, lo cual no era muy difícil, ya que el desempeño defensivo que desplegó era el ineludible cimiento sólido sobre el que se podía construir una buena performance, como diría Sampaoli. Pretender que el conjunto sevillista de hoy saliera a competir a pecho descubierto ante el Barcelona no es sólo ilusorio sino que también hubiera resultado suicida. Mucho más inteligente era el planteamiento inicial del entrenador de jugar arropaditos, con líneas juntas, buena presión e intentar hilvanar algún contraataque si era menester pero sin descomponer el orden defensivo. Con esa premisa, el Sevilla Fútbol Club estaba serio en el campo y maniató al líder incontestable, cuya única acción de verdadero fue una ‘asistencia’ de Jordán a Lewandoski que contrarrestó Bono con un paradón. Todo lo demás fueron balones colgados al área por un rival sin ideas.

Incomprensiblemente, a la salida del vestuario tras el descanso reglamentario, quien trazó tan acertado plan decidió descomponerlo y transformar en coladero todo lo que anteriormente había sido solidez. ¿Incomprensiblemente? Quizá no. Quizá la explicación hay que buscarla en una frase pronunciada por el protagonista días atrás, cuando en la rueda de prensa previa manifestaba que el partido en Barcelona se afrontaba entre la ilusión y el miedo. Ahí, probablemente, esté el quid de la cuestión. En el miedo.

No es la primera vez que Jorge Sampaoli muestra tener miedo en el desempeño de su tarea de director de equipo de fútbol. Lo demostró en su primera etapa como entrenador sevillista, precisamente, al enfrentarse al Barcelona que entonces liderada su admirado Messi. Y lo puso también de manifiesto durante el Mundial de 2016 como seleccionador de la Argentina del mismo Messi que tuvo una discreta actuación en aquel campeonato. Parece que las grandes citas se le atragantan al técnico argentino. Por suerte para el Sevilla Fútbol Club los rivales inmediatos de este mes de febrero no son precisamente de relumbrón. Esperemos que el técnico recobre su buen hacer habitual y el equipo consolide la mejoría mostrada en los últimos tiempos para escalar posiciones en la clasificación. El descenso sigue estando a solo dos puntos, así que jugar con miedo puede derivar en ‘jugar con fuego’.    

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