Noticias y fichajes Sevilla FC josé antonio reyes George Floyd
"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca. La Colina de Nervión, noticias del Sevilla FC y mucho más

Después del asesinato de George Floyd a manos, perdón, a rodillas de un asesino con uniforme, hincar la rodilla parece haber perdido la acepción futbolera de derrota para adoptar el significado de perdón. Ha ocurrido esto durante un tiempo sin fútbol, en el que aún veíamos lejano el enfrentamiento entre el Sevilla FC y el Betis, ese que ahora comienza a calentarse y que nadie sabe si abandonará la tibieza con la que lo esperamos, por unas gradas vacías, absolutamente ayunas de la pasión que contagiamos los aficionados, la muchedumbre que ama.

Hincar la rodilla en su acepción futbolera tiene que ver con la aceptación de la derrota, con saberse inferior al contrario y reconocerlo, aunque sea por la vía de los hechos. Simboliza una derrota clara, muchas veces por goleada, y que no admite discusión por muy circunstancial, anecdótica, que nos la hagan ver los vencidos. Hincar la rodilla es lo último que deseamos hacer cuando la medianoche del jueves al viernes nos llame a la puerta y presagie un fin de semana pleno de choteo y de rechifla a costa de las víctimas, y en un resurgir de memes humorísticos, hoy lamentablemente sustituidos por los mensajes plagados de mentiras y odio con los que colapsan nuestros WhatsApp. Ojalá no hinquemos la rodilla, ojalá regrese la chanza en los mensajes, hoy arrinconada por quienes tienen la certeza de que la patria es una propiedad privada y ellos son los únicos accionistas.

Muchos policías, y no pocos políticos, estadounidenses o no, han hincado la rodilla durante estos días posteriores al nuevo asesinato de un afroamericano, un negro para para los que hincaron la rodilla antes de que hincar la rodilla signifique lo que pretenden que signifique y no lo que ha significado siempre. Pero clavar la rodilla en el suelo como ellos lo han hecho a posteriori, no significa perdón. Significa, y el fútbol, tan sabio siempre, nos lo enseña siempre, derrota. Hincar la rodilla es fracasar. El fracaso de quien lo mereció, el sometimiento del perdedor.

La policía de Estados Unidos, la de Minneapolis en especial pero todas las que alguna vez ha utilizado la violencia con sesgos de color, ha sido derrotada por una muchedumbre que, a pesar de que se le infiltraran en sus filas grupos violentos sin uniforme, ha vencido con la razón de los derechos humanos. Quizás lo que hayan hecho sea aceptar una derrota de forma estratégica para cansar al rival, para que vuelva a su casa y poder seguir haciendo todo como hasta ahora. Quién sabe cuántos George Floyd están sin saberlo en este otro corredor de la muerte en los que los coloca el racismo o cualquier otro motivo de odio a la pobreza. Derrotas como esta no dan tres puntos al vencedor, como los que va a obtener el que venza en el derbi del silencio, y por eso pueda perder la fuerza con la que surgió. Puede ser que debido a ello la memoria de George Floyd se desvanezca con el paso del tiempo y Floyd pase de nuevo a recordarse como una marca tradicional de espuma de afeitar y no como la vergonzosa imagen de quienes debiendo actuar para defender los derechos de las personas, protegen a quienes mandan en la sociedad sin presentarse a las elecciones. Eso tiene de bueno el fútbol, hincar la rodilla da tres puntos y por ello, siempre permanecerá en el recuerdo, tanto de victoriosos como de derrotados. Ojalá no sea así, ojalá las llamadas fuerzas del orden acepten que no están para servir a quienes detentan el poder, político y/o económico sino para garantizar los derechos de todos los ciudadanos, de la comunidad. Ímprobos esfuerzos parece que desean hacer. Y si no, vean un titular de ayer en Europa Press, que destacaba, como noticia digna de remarcar, que Minneapolis y Nueva York prohibirán (futuro imperfecto, miedo da el tiempo verbal), a la policía hacer uso de estrangulamientos durante las detenciones. Por algo se empieza.

La muchedumbre ha hecho mucho por la memoria de George Floyd, y tres días antes del derbi nos preguntamos por el papel que las aficiones, la muchedumbre que ama unos colores futbolísticos, jugaremos en ese derbi del silencio que nos espera. Nuestras autoridades ya han puesto el parche de advertencia antes que salga el grano de realidad: prohibido poner pantallas gigantes, prohibido acompañar a los autobuses de los equipos, prohibido… ¿Qué podremos hacer el jueves, más allá de movernos como posesos de un lado para otro en el sofá?

La tibieza de estos días nos habla al oído. Nos susurra que el fútbol no es nada sin los aficionados y que ahora se van a enterar. Sí, los aficionados, muchas veces despreciados porque no llegamos a aportar ni el 10% de los presupuestos anuales de las sociedades anónimas que secuestraron al club que amamos, pero somos el alma del fútbol. Durante estos años de vacas gordas televisivas hemos sido ninguneados, todo lo más, soportados por quienes detentaban el poder. Nos han puesto la rodilla en el cuello pero, a diferencia del pobre Floyd, no han acabado con nosotros. Quizás sea el momento de que los que se sienten dueños del negocio comiencen a hincar la rodilla en señal de perdón, de derrota merecida. Quizás sea el momento en el que, más allá del resultado en goles del próximo jueves, los aficionados comencemos a recuperar el control de la situación. Que, por cierto, se está haciendo irrespirable.

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