Estadio Ramón Sanchez-Pizjuán | Imagen: Sevilla FC

Lo lindo del fútbol, este deporte amado, es que está lleno de profecías incumplidas. Una de las tantas lecciones del Maracanazo. Hay otra, sin embargo, que dejó Obdulio Varela y que no suele repetirse. El “negro jefe” dijo: “este partido, si lo jugamos 100 veces, las otras 99 lo hubiéramos perdido”. Detengámonos en esto. El fútbol es un deporte curioso, se suelen marcar pocos tantos, se empata con frecuencia y se castiga demasiado un error. (El famosísimo Maracanazo no hubiera sucedió por centímetros).

Escucho muchos sevillistas desesperados por fichar un 9. También los escucho ponerse nerviosos cuando Sampaoli no hace cambios. Es un mecanismo frecuente en los hinchas: cambios, fichajes, echarle la culpa al técnico. Por suerte el fútbol es más complejo.

Hablo de esto porque creo que la derrota frente al Barcelona es muy significativa, porque era lógica, y si queremos ser lo que podemos ser (o sea, campeones de la Liga), vamos a necesitar la épica de las cosas ilógicas. Si lo que vimos en el primer tiempo (¿alguien sabe porqué no lo vimos en el segundo?) se hubiera continuado en todo el partido, además de ganar hubiéramos sido firmes aspirantes a ser campeones (¿para qué si juega sino? ¿Vamos a seguir con el versito ese que nos vendieron desde Madrid que nuestro objetivo es estar en “puestos de champions”?) No hermano, que estén ellos en “puestos de champions”, yo quiero ganar la Liga. Es un tema mental. ¿Quién dijo que no se puede? El otro día, nosotros. Nuestro querido equipo dijo que no se podía renunciando a jugar en el segundo tiempo. A mí no me importa tanto perder, lo que si no soporto es renunciar antes de pelear.

Nos puede obsesionar no tener un nueve (¿quieren uno?, fichen a Cavanni, no claro, no nos gusta gastar dinero) o podemos pasársela a Vietto para que lo sea. Sucede lo siguiente, si Suárez necesitan tres oportunidades para meter un gol, Vietto necesita diez. Es así el fútbol. La efectividad y la eficiencia no está reñido con ser un buen jugador. Vietto es muy bueno, pero necesita más oportunidades para ser eficaz. SI traen otro nueve pasará lo mismo. Porque nuestro problema no está allí, no está en Sampaoli. Está en un lugar intangible que sobrevuela a toda nuestra ciudad.

Alguien nos repitió un mantra que hemos comprado y acuñado. Nos lo dicen por la tele todos los días y nosotros lo repetimos en el estadio, en la Feria y en Semana Santa. Eso a los políticos les encanta, repiten cualquier idiotez y luego uno la escucha en los bares. “El presidente de Estados Unidos es el presidente del mundo”, y nosotros lo creemos (aunque Obama no haya podido hacer casi nada, ni siquiera de lo bueno, les conviene asustarnos con lo malo). “Repetir elecciones sería un fracaso” (votar, ese acto que lleva 10 minutos no cansa, lo que cansa son las campañas diseñadas por y para gente que no razona), pero nosotros lo creemos. “Entramos en la crisis/ Salimos de la crisis”, cuando ellos dicen, no cuando lo dice tu bolsillo. En fin, hay miles de ejemplos que no vienen al caso, pero son estigmas que les vienen al pelo para continuar con sus privilegios.

A ellos les conviene una Sevilla graciosa. Que pasea Vírgenes y Cristos. Que baila flamenco y sevillanas. Les asustaría reconocer que esa misma masa llena el Festival de Cine Europeo, que va al Mes de Danza. No le interesa la Feria del libro antiguo de Plaza Nueva, o la misma Feria del Libro de primavera. Quieren que vivamos de espaldas al Zoco de libros que se organiza una vez por mes en la Alameda. Nos quieren gritándole al árbitro en las canchas, no yendo al Teatro. Nos creen incapaces de hacer todo eso.

Eso mismo nos pasa con nuestro equipo. Si nuestro objetivo es “estar en puestos de Champions”, tal como quieren Madrid y Barcelona y su prensa alcahueta (esa que repite que Messi es imparable y no sabe como esconder que con Argentina no le ganan a nadie), estaremos condenados a ser los “sparring” de esos equipos. Gente, yo no quiero eso. Yo quiero ganarles, a ellos. Claro que festejo ganar un derbi, y celebré como nadie cada UEFA, pero seamos sinceros. ¿Quién dijo que nuestro equipo está para que ellos se preparen para ganar la Champions? Yo quiero ganarles, y si no les gano, así es el fútbol, no me resigno a esa actitud de “bueno, es que tienen al mejor del mundo y es imparable”. ¡No me jodan!, a Messi cuando juega contra Uruguay lo para Egidio Arébalo Ríos, un señor casi pasado de peso que juega en el Chiapas de México, pero que ama su camiseta celeste por sobre todas las cosas y cuando lo ve venir en lugar de dar dos pasos para tras para que Messi (que sin duda es muy bueno) haga una de las suyas le pone la pierna firme y le arranca el balón.

Claro que los árbitros nos pitarán en contra, por supuesto que la prensa casi no hablará de nosotros, pero la magia del fútbol necesita épica, esa que ya hemos tenido cuando estábamos convencidos de merecerla. Dejemos de ser la ciudad graciosa, la provincia atrasada. Podemos ir al estadio con un libro abajo del brazo. Y podemos ganar la liga. Incluso me atrevería a decir que nos lo merecemos, que ya nos toca. Que ya está bien.

 

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