La capitana del Sevilla Femenino, Alicia, charla con nuestra redactora | Imagen: Nuria Romero

El Sevilla FC Femenino  juega de forma maravillosa, pero no lo vemos en la televisión. Los noticieros deportivos prefieren dedicar interminables minutos a ver pasar jugadores masculinos en coche saliendo de los entrenamientos, generalmente ignorando a quienes los esperan.  En lugar de pasar los goles (en febrero una chica hizo un golazo de 11 metros), y las mejores jugadas, vemos como las “estrellas” (siempre  jugadores masculinos), se recuperan de lesiones o posan en calzoncillos. Lo gracioso es que nos culpan a nosotros, según ellos, en lugar de ver grandes jugadas o buenos partidos, preferimos escucharlos debatir sobre los fichajes millonarios (de jugadores machos, por supuesto).

Nuestra sociedad está cambiando. A veces lentamente, a veces haciendo pequeñas concesiones para distraernos, somos nosotras/os  quienes debemos revelarnos. No debemos dejarnos mentir. El fútbol podría perfectamente ser mixto. Pero si por algún motivo físico- biológico se llegara a la conclusión de que hay dos ligas separadas por género, ¿por qué una es multimillonaria y la otra es ignorada por los medios?

Los que creen que las chicas no saben (o no pueden)  jugar al fútbol me recuerdan a los que argumentaban que no podían votar, o que no debían trabajar, o que  no deben usar faldas cortas, o que deben ser madres, o que deben ser secretarias, o que deben ser sumisas… sin embargo ellas juegan, y muy bien, y cada vez más aparecerán generaciones de futbolistas que desde niñas se acostumbren a jugar y usen en el campo sus características más poderosas.

Los que todavía argumentan aquello del “sexo débil” no conocieron a una compañera mía de colegio que cuando te marcaba era capaz de sacarte de la cancha con el hombro. Los que dicen que es un fútbol de poco profesional no vieron jugar al Sevilla FC Femenino.

Cuando mi hijo iba a la Escuela de fútbol “Servalabari” jugaba de carrilero izquierdo. Una de las jugadas más exitosas era, el corriendo contra la banda, una pequeña triangulación y un centro que la número nueve cabeceaba con una potencia inaudita para alguien de diez años. Ana era una goleadora nata, le gustaba el fútbol (de hecho más que a mi hijo que prefería la música). Me llamaba mucho la atención, no que una niña jugara de nueve, sino que metiera tantos goles de cabeza. Habrán notado que no es muy común en el fútbol infantil, no es natural usar la cabeza, los niños tienden a querer patear. Pero ellas, cuando juegan siempre y en los puestos adecuados tienen virtudes que los varones no. Una mejor visión de campo, menos necesidad de instrucciones externas, una mayor elegancia, una persistencia envidiable.

Porque, vayamos sabiéndolo, queridos amigos machos, los partidos de fútbol no se ganan con HUEVOS , se ganan por ganas de jugar al fútbol, se ganan con valentía, se ganan con garra,  y ellas tienen de todo eso, más incluso que nosotros.

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