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"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca. La Colina de Nervión, noticias del Sevilla FC y mucho más

El otro día nos encontramos a Juani por la calle. Embutido en su enésima camiseta del Sevilla FC, un de las numerosísimas indumentarias que pueblan su extenso fondo de armario, solo comparable al de nuestro común amigo David, Juani, seguidor acérrimo de los artículos de Jul y Gan, nos propuso un tema del que hablar en el próximo, es decir, en el de esta semana, algo que se agradece en estos tiempos coronavíricos.

– Dadle un toquecito a Banega, que este hombre se va a ir con los moros sin hacer más nada.

– Un toquecito nada más, una puyita- insistió-. Que vosotros sabéis dársela.

Aquello sucedió la mañana del viernes. Pensé que, si ni Jul ni Gan proponían otro tema, este podría ser bueno. Otro podría ser hablar sobre el papel del Mudo Vázquez en este Sevilla FC que con tanta dificultad sostiene los resultados en los minutos finales, justo cuando aparece el taciturno futbolista por el terreno de juego. Pero al que nos habíamos encontrado era a Juani, no a su tocayo John Capel, así que decidimos posponer el hablar sobre el reservado jugador argentino, del que desconfiábamos por su melancolía y circunspección que nos diera para escribir algo con una mínima extensión. A no ser, claro, de su nuevo corte de pelo o que el sábado por la noche hubiera marcado el gol de la vitoria frente al Barça de Messi y obligara al amigo John a abandonar Twitter, para desdicha de sus más de tres mil quinientos seguidores y alivio de carrancitos.

El anuncio en la previa de la alineación sevillista nos alertó de que de nuevo, como viene siendo tradicional en la liga confinada, el jugador rosarino no formar parte del once inicial. La salida de los jugadores al terreno de juego lo confirmó. Pudimos verlo llegar tranquilo a la bancada de pista de preferencia, con su boca oculta tras una modesta mascarilla quirúrgica, a diferencia del resto de jugadores, que lucían la corporativa, de colores blanquirrojos con una desagradable válvula negra que les daba un aire al Hannibal Lecter de El silencio de los corderos. Por cierto, no entiendo, y qué mal ejemplo el de los futbolistas, eso de llevar mascarillas con válvula incorporada, que no son las indicadas para evitar la transmisión del coronavirus, puesto que quienes la portan sí que están a salvo de contagio, a diferencia de los que se encuentren cerca, que pueden ser contaminados a través de la válvula. Un inciso: por favor, no lleven mascarillas con válvulas. Esas son para evitar enfermedades alérgicas, no infecciosas.

Pero no me voy por las ramas. Ver a Banega sentado, portando una mascarilla genérica, un tanto verdosa si me apuran, una de 90 céntimos (10 céntimos antes de la pandemia, para que luego digan que el capitalismo está en peligro en España), me incitaba a pensar que el genial futbolista criado en la leprosa cantera de Newells Old Boys estaba ya más fuera que dentro, con la cabeza pensando ya en los Al Shavales del Al Shabab. Así se lo comenté a Jul y a Gan, que acababan de sentarse frente a la tele, después de haber ido a darle el pésame a nuestro vecino por la calamitosa vuelta a la competición de su equipo, que probablemente culminará en estrépito, visto el cese del entrenador y su sustituto.

– ¿Os acordáis de cuando Banega anunció que se iba?- recordé-. Pues para mí que hoy van a anunciarnos que se va, pero ya. En cuanto abran el aeropuerto de San Pablo.

Esa pinta tenía. Fue un pensamiento que me puso muy triste, porque significaba una salida gris para un futbolista que nos ha dado mucho, muchísimo. Un tipo con magia en sus botas, al que solo le ha faltado algo de físico y de gol, y bastante inteligencia emocional, para haber sido considerado uno de los grandes de su época. Una pena para él, una verdadera pena, pero una egoísta alegría para nosotros, porque de haberse dado esas circunstancias Éver no hubiera jugado en el Sevilla FC de estos años de dictadura merengue-culé, la auténtica gripe española, y sí lo hubiera hecho con bastante probabilidad en, por ejemplo, el equipo rival.

Durante la trágica primera media hora de encuentro, en la que el Sevilla FC era un muñeco con el que el equipo catalán se entretenía, a la espera de que el calor y los kilómetros defensivos lo desfondaran, no dejé de darle vueltas a esa idea. Y es que el Sevilla FC tiene buenos futbolistas en el centro del campo, pero de ahí a pensar que tenemos a otro Banega, va un mundo.

Y en esto que llegó la pausa para hidratación y, sobre todo, la segunda parte, con los muebles aún a salvo. Y Éver no solo no anunció su marcha inminente, sino que salió al terreno de juego a anunciar la buena nueva que surgía, que volvía a manar, de sus botas.

La segunda parte de Éver fue como un resumen en cuarenta y cinco minutos de su carrera futbolística en el Sevilla FC. Porque es en partidos como este cuando a un buen futbolista se le calibra su verdadera calidad. Lo que es, lo que fue y lo que pudo llegar a ser.

Si nuestra primera intención fue la de escribir un artículo tipo tirón de orejas, el teórico contenido se desmoronó apenas tocó la pelota. Verlo jugar, al menos para quien transcribe el texto por orden de Jul y Gan, nos volvió a sumir en la melancolía. Qué poco nos queda con él, cuánto lo echaremos de menos. Qué futbolista podrá venir y que de sus botas brote el agua bendita que nos ha regalado tantas veces don Éver Maximiliano Banega, que el próximo domingo cumplirá treinta y dos años.

Y al igual que su carrera, su regreso al terreno de juego no culminó con la victoria que merecimos. Y no porque el empate fuera injusto ni nos dejara mal sabor de boca, sino porque faltó poner la guinda, esa guinda tan necesaria para un equipo al que desestructuran en cada ventana de fichajes, y que quizás tampoco ha tenido la carrera de un jugador superlativo.

Y como lo es, como lo ha dado todo por nuestro club, a día de hoy no le deberíamos decir otra cosa que gracias. Más allá de lo que suceda esta noche contra el Villarreal, más allá de lo que nos reste por disfrutar o no de él, gracias, Éver. Puede que sea esto que decimos algo muy triste, pero es muy probable que cuando te marches, te echemos de menos. Aunque nos vayan bien sin ti las cosas en el futuro, aunque la magia de Monchi nos traiga un refuerzo excelente. En tiempos como estos, en los que el Madrid o el Barcelona esquilman las plantillas del resto de los equipos y las desnudan un año sí y otro también, ha sido un lujo y un orgullo que hayas defendido nuestra camiseta. Y espero que esto que contamos no decepcione a Juani. Seguro que no.

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