lunes 19 abril 2021
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El Sevilla FC y el síndrome de Peter Pan

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Manuel Machucahttp://www.tresmilviajesalsur.es/
Escritor nacido en Sevilla. Ha publicado tres novelas, una de las cuales, "Tres mil viajes al sur", ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla. Ha participado y coordinado la antología de relatos "El derbi final"

Jul y Gan se cabrearon tanto como yo, como muchos aficionados al Sevilla Fútbol Club, con el juego ramplón que nuestro equipo desplegó en el estadio Benito Villamarín. Como dijo mi tío Antonio, el Betis echó el partido de la temporada y quién sabe si volverá a repetirlo, pero lo nuestro fue, como poco, decepcionante. Si hubo un equipo que hizo honor al lema casta y coraje ese no fue el nuestro, lo cual resulta una paradoja un tanto extraña, aunque no lo suficiente en unos tiempos como los de ahora, en los que los que se dicen defensores de la libertad son los que nos quieren imponer a los demás sus privilegios. Pero esa es otra cuestión. También bastante paradójica, por cierto.

Podemos sacar de la chistera no pocas excusas. Por ejemplo, que el partido no hace sino demostrar la distancia sideral entre ambos equipos, al haber conseguido un empate jugando mal y ellos muy bien, además del injusto penalti que nos pitaron. Eso está muy bien para una charla de bar prepandémica, para echárselo en cara al vecino cuando sacó a mear a Hulio-17, su viejo can teñido de rubio, como hizo Jul cuando bajó a la calle sin mascarilla, otra vez sin mascarilla, a que nuestro Coke-23 hiciera sus necesidades sobre los mismos árboles que antes había meado el villamarínico perro del vecino.

Pero ¿de verdad nos sirve algo así? ¿No son las esgrimidas, excusas propias de tiempos en los que no nos comíamos una rosca ni en España ni en Europa? Eso fue lo que le eché en cara a mi amigo Jul cuando nos contó la discusión que tuvo con el dueño de Hulio-17, en la que echaba espumarajos por la boca a menos de metro y medio de distancia del babeado vecino.

―Monchi, tenemos un problema, no terminamos de carburar― suspiré.

Durante todos estos años, nuestro director deportivo nos ha demostrado que no había futbolista insustituible, que los que se fueron entre las lágrimas de los aficionados acababan pronto olvidados gracias a las virtudes de los que venían. Los años habían probado que el proyecto del Sevilla Fútbol Club sobrepasaba las personas, desde la presidencia al último de los futbolistas. Hasta que nos dimos cuenta de que el León de San Fernando era indispensable, como también parece que lo es un futbolista que ahora se lo está llevando calentito, no por su falta de profesionalidad sino por el calor que hace donde juega, y que se llama Éver Maximiliano Banega. Cuánta jerarquía hemos perdido sin el rosarino.

De esto hablábamos en casa después de que Jul subiera de la calle con nuestro Coke-23, con sus esfínteres perrunos más aliviados y alguna mancha de tinte rubio en su hocico.

― A Éver lo hubiéramos tenido que sustituir, si no este año, el siguiente― afirmó Gan. Entonces, me acordé de lo que celebré el regreso anunciado por La Colina de Nervión, al tragarme hasta el fondo la inocentada que publicó el pasado 28 de diciembre―. Monchi no juega en el césped, juega en los despachos, y ahí se puede durar mucho más. Pero Banega está ya para iniciar su declive.

― No estoy de acuerdo, Gan― intervine―. Fíjate en Fernando. Los futbolistas talentosos y que se cuidan pueden prolongar su carrera más de lo que pensamos. ¿No lo hemos echado de menos hoy? Pues eso. Que Banega debería haberse quedado y esperar a marcharse un par de temporadas, como mínimo.

― El problema es que quien tenía que hacer de Banega no lo está haciendo porque no se lo cree― me respondió―. Jordán podría serlo y no da el paso. Se va a quedar en ser el mejor analista postpartido de la liga. ¿Tú no has visto lo bien que habla después, lo bien que lee los partidos con el chubasquero puesto? Pues en eso se va a quedar. Ese no va a sustituir a Éver Banega sino a Michael Robinson, que en paz descanse. Tenemos a dos futbolistas que no terminan de romper, que continúan siendo promesas, y que como sigan así se van a quedar en un quiero y no puedo. Uno es Jordán; el otro, Oliver Torres. A esta gente parece que lo que les pasa es que no quieren crecer. Debe ser porque de niños les pusieron demasiadas veces la película de Peter Pan.

Jul y yo nos miramos perplejos. Pasmaos. Gan, siempre tan sereno, tan ponderado, estaba haciendo de Jul, el fogoso y pasional compañero de vivienda, sin perder su toque intelectual y cinematográfico. Pero estaba bastante cabreado, y si no fuera por lo escuchimizado que es, nada que ver con el increíble Jul, hubiera asegurado que le iba a estallar la camisa de un momento a otro, de lo rojo que estaba. Pero al final, como Jordán y como Torres, na de na.

― Con todo lo que han podido aprender del mago argentino― se quejó Jul, que quiso tomar el relevo de la ponderación y delicadeza lingüística de la que siempre hacía gala Gan―. Pero nada, nos están haciendo creer que es Banega el que falta cuando en realidad son ellos. Faltan Jordán y Torres, y que Lopetegui no sea tan terco y dé descanso a Navas y más oportunidades a gente que no las tiene.

― O eso, o que Monchi se ponga a fichar― dijo Gan, algo más calmado―. ¿No habéis visto la película de la última Europa League que ha subido el Sevilla Fútbol Club a las redes sociales? ¿No os habéis fijado en que muchos de los que formaban parte de la plantilla a principio de temporada ya no estaban al final?

―Pues eso― gritó Jul, que volvió a ejercer su papel habitual―. Que, si unos no quieren crecer y hacerse mayorcitos, puerta. Y que vengan otros con más sangre en las venas.

― ¡Di que sí! ― gritó Gan, mientras se levantaba de la mesa donde discutíamos―. Y ya que todos estos tíos se han comido los polvorones estas Navidades, yo me voy a comer los que quedan en la caja. ¿Quién se apunta?

Y todos acabamos en la cocina, comiendo delicias de Estepa como si fuéramos Pellegrini. Y ya no se habló más del derbi ni de su puñetera madre. Menos mal que no escuchamos a Lopetegui decir eso de que su mente estaba ya en Linares. Menos mal.

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