Sé perfectamente que estamos en febrero del año 2016. Pero alguien me dijo una vez que para conocer los desafíos del mañana simplemente tenemos que observar el pasado. Y parece simple, pero en la práctica se complica. Lo que es innegable es que necesitamos que nuestra historia nos regale una lección de vez en cuando. De hecho, las lecciones están ahí y a medida que transcurre el tiempo, son nuevas. Están continuamente renovándose, porque siempre tenemos algo que aprender. Todos, seamos conscientes o ignorantes de ello, observamos estas lecciones día a día. A ellas recurren libros, canciones y personas que tratan de otorgarles un valor. Naturalmente, existen tímidas lecciones que no traspasan lo personal, pero hay otras, que parecen tener efectos admirables, capaces de concernir nuestra historia. Y el fútbol también forma parte de esas lecciones.

Sí, tal y como dice el titular, este deporte puede llegar incluso a silenciar una guerra. Es necesario recordar que el fútbol paró, por un momento, la primera guerra mundial. Nos encontramos en la Navidad de 1914, concretamente, un 25 de diciembre  donde se disputó un partido entre soldados alemanes y aliados. Soltaron armas y cogieron balón. Y daba igual las condiciones del “terreno de juego” teniendo en cuenta que el suelo estaba completamente congelado y sin árbitro. ¿Qué importaba? El fútbol les demostró que tras ese uniforme todos eran iguales, todos los soldados sufrían el desgaste de la guerra, la agonía de ver muertes en el frente y la incertidumbre del mañana. Fueron 60 minutos de partido, instantes que pararon el aumento de la cifra de muertos. Se trata de una lección histórica que muestra la unión del fútbol. El deporte encontró lugar en tal enfrentamiento bélico.

Fue un partido extraordinario. Ahora, afortunadamente nuestro país no está inmerso en guerra. Pero sabemos perfectamente que hay otros que sí. Y a veces, basta con encender el panorama mediático y observar, teniendo en cuenta siempre, que no suelen ir más allá. Existen más conflictos, más crisis y guerras, que parecen no encontrar cabida mediática. Pero eso es otro tema. La esencia del artículo no es otra que rememorar un fútbol que silenció la guerra. Una lección que, actualizada, se traduce en quedar para ver un partido, regalar una entrada o simplemente una conversación. Detalles que silencian luchas personales. Para muchos aficionados, el fútbol es un “parón” en medio de la rutina. Sin duda, una actitud necesaria en nuestros días. Y por cierto, por ahí dicen que en el partido ganaron los alemanes. No sé si fiarme o no. No obstante, de lo que sí estoy segura es de que durante esos minutos, la violencia se constituyó como clara perdedora.

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