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"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca. La Colina de Nervión, noticias del Sevilla FC y mucho más

La Bundesliga ha reiniciado la competición. El derbi entre el Sevilla FC y el otro, el que juega el derbi si no baja, está al caer. A falta de fecha, estamos ante el partido de rivalidad local más extraño de la historia. Un partido que se disputará a puerta cerrada, pero que desconocemos cómo se jugará al otro lado de las puertas. Cómo manejaremos la pasión con la que nos solemos desenvolver en encuentros así, es un misterio. Porque no solo es que no vaya a haber un solo aficionado en las gradas, sino que es más que probable que los aficionados no podrán acompañar al autobús del equipo ni concentrarse en un bar, en una plaza o en lugar alguno.

Antes de que llegue el día de marras, es más que probable que tengamos la obligación de llevar mascarillas en el espacio público. Espero, por cierto, y perdonen el inciso, que regulen taxativamente que se haga con la nariz cubierta, porque hay gente que no se entera de que el salidero piloso de mocos es, junto a la boca, la vía de entrada y salida de patógenos respiratorios más importante que tenemos. Y al igual que a los hombres no se nos olvida de esconder nuestro asunto bajo los calzoncillos, no se nos debería olvidar cómo se debe utilizar una mascarilla.

Cómo se gritará gol con mascarilla es algo que desconocemos. Celebrar una victoria con distanciamiento social, es un misterio. No me veo batiendo los codos con otros sevillistas cuando uno de los nuestros perfore una portería desolada, ni saludando al estilo japonés, como si en lugar de fútbol esto fuera un torneo de judo.

Elucubrar acerca de lo que sucederá, se nos escapa. Y bien sabemos que el resto del país estará pendiente de nosotros, en especial todos aquellos que, con superioridad, distanciamiento social vertical, se mofan de nuestro acento, o no esperan de nosotros mucho más allá que un chiste. A buen seguro estarán con la escopeta cargada para criticar, para persistir en la idea de que somos un lastre para el desarrollo del país, cuando el coronavirus ha demostrado precisamente lo contrario, y nos ha enseñado quiénes son la verdadera rémora.

Mientras tanto, la plantilla del Sevilla FC trata de concentrarse poco a poco en sus entrenamientos y van tomando conciencia de que el derbi se acerca. Un derbi siempre es un partido diferente. El ambiente lo hace único. Pero esta vez no habrá ambiente, solo once futbolistas, con cinco cambios posibles, frente a otros once. Y todos nosotros, sentados frente a la televisión.

Se hace extraño todo. Se hace extraño atender los rumores sobre posibles fichajes de cara a la temporada próxima. ¿Cuándo comenzará, por cierto? ¿Cómo será? ¿Qué pasará con los futbolistas que acaban contrato el próximo 30 de junio? ¿Y los cedidos?, ¿jugarán en un equipo en junio y en otro al mes siguiente? Demasiados interrogantes en apenas un par de líneas, a un mes, quizás menos, de retomar una competición que parece que regresa a la fuerza, sin ganas, por la necesidad de cuadrar unas cuentas de los clubes demasiado dependientes de los operadores televisivos. Hablo con aficionados y no veo ilusión. Las preocupaciones son otras. Encontrar guantes, comprar mascarillas, recuperar el puesto de trabajo perdido, afrontar la ruina económica que se avecina. Librarse, librarnos, en definitiva, de un virus que lo ha cambiado todo, que ha puesto boca abajo al mundo y que no sabemos cómo volverlo a enderezar.

Puede que se deba a que aún es pronto, a que los futbolistas llevan entrenando apenas dos semanas. O que lo que realmente sucede es que hemos caído en la cuenta de que el fútbol es mucho menos importante de lo que pensábamos, que cuando se trata de vidas humanas el deporte rey retoma su rol secundario en el mundo. Ojalá se acuerden de esto quienes sobrepasan mediante la violencia los límites de su pasión por unos colores.

El coronavirus es un trozo de ácido nucleico invisible al ojo humano, un ente fantasma que nos ha contagiado a todos de la enfermedad de la extrañeza. A muchos se los ha llevado desgraciadamente al hospital o a la muerte, pero al resto nos ha inoculado un síndrome de perplejidad. Vivimos un mundo fantasmal que no reconocemos. Y ahora llega un derbi Sevilla FC – Betis, y no sabemos qué hacer con él.

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