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Eduardo Cruz Acillona | El cristal con que se mira. Artículos de opinión sobre el Sevilla FC

Ayer, 14 de abril, se conmemoraba el aniversario de la proclamación de la II República en España. En años anteriores, había gente que lo celebraba saliendo a la calle con la bandera tricolor y el ánimo jaranero y festivo. Con esto del coronaleches y el consecuente y obligatorio confinamiento, lo más que hemos podido enarbolar este año ha sido el felpudo de Ikea, ese que dice “Bienvenido a la república independiente de mi casa”…

Quienes han jugado al fútbol alguna vez en su vida seguro que esta situación de confinamiento les recuerda mucho a estar en el banquillo como suplentes durante la disputa de un partido que, además, hemos empezado perdiendo por abrumadora goleada. Por un lado, sabemos que están jugando los mejores compañeros pero, por otro, escuchamos a nuestro lado los gritos del entrenador, el que dirige todas nuestras acciones, el responsable último de nuestras tácticas, y nos da coraje que ni siquiera nos permita salir a calentar por la banda. Queremos participar, queremos aportar todo lo que llevamos dentro para cambiar la situación, para sacar adelante un buen resultado. Porque sabemos que somos capaces y que nos lo merecemos. Pero es momento de que jueguen los mejores.

A fecha de hoy, el partido continúa. Dicen que estamos en la segunda parte. Luego vendrá la prórroga. Detrás nuestro, los aficionados. Algunos animando a destajo, porque animar viene de “ánima”, que en latín significa “alma”, y es que nos va el alma en ello. Otros, increpando al entrenador, tachándole de inútil, de no saber la enorme responsabilidad que tiene entre manos, de improvisador. Piden su cabeza y, para que no haya dudas, la de todo su cuerpo técnico. Y tú, en el banquillo, te muerdes los labios con insana impotencia recordando el libro que, después de muchos años, has rescatado de tu biblioteca y acabas de volver a leer: La peste, de Albert Camus. Un libro con frases tan contundentes como “De golpe, la muerte subió como una flecha”, “…una vez cerradas las puertas de la ciudad, todos se dieron cuenta de que estaban atrapados en la misma red”, “La invasión brutal de la enfermedad obligaba a los ciudadanos a obrar como si no tuvieran sentimientos individuales”.

Obrar sin sentimientos individuales… Cuánto deberían aprender algunos. Algunos que, estos días atrás, han convertido este metafórico banquillo deportivo del que les hablo en un funesto y vergonzante banquillo de los acusados. Algunos que, en el portal de sus casas y amparados por el cobarde anonimato, han colocado carteles exigiendo a sus vecinos que se busquen un nuevo hogar por el simple hecho de trabajar como médicos, enfermeros o cajeras de supermercado. Les tratan como apestados y pretenden expulsarlos de sus propios hogares, como si no tuvieran bastante desgracia con convivir con la muerte unos y con el continuo riesgo de contagio todos. Esos “algunos” que anteponen el sentimiento individual al colectivo. Esos “algunos” que piensan que nunca van a enfermar y, por tanto, necesitar de los cuidados de quienes ahora reniegan. Esos “algunos” que, obviamente, no necesitan ir al supermercado a comprar comida pues son pura carroña y se alimentan de sus propias heces. Esos “algunos”… Acabará esta pesadilla y tendremos que seguir conviviendo con ellos. Menos mal que siempre nos quedará la república independiente de nuestra casa, la de nuestros amigos y la de nuestra bendita peña donde titulares y suplentes nos fundiremos en un gran abrazo bajo esa bufanda colgada en la pared y en la que pone “Dicen que nunca se rinde”.

Por último, y cambiando de tema, no quisiera finalizar este artículo sin mostrar públicamente mi más sincero agradecimiento a la prensa deportiva madrileña, que tanto nos quiere, por silenciar la última barrabasada de esa lacra que sufre el sevillismo y que lleva por nombre el de los Biris. Resulta que estos energúmenos y manifiestos delincuentes no tuvieron mejor idea que, hace unos días, desplazarse a las puertas de algunos hospitales sevillanos y dedicarse a lo único que saben hacer: gritar improperios, insultar al personal médico y destrozar todo el mobiliario que encontraron a su paso. Afortunadamente, la prensa deportiva madrileña, que tan bien nos trata siempre, no quiso hacerse eco de estos altercados que tanto nos avergüenzan. Y además, en un gesto que les honra, y tras recaudar más de 18.000 euros, vinieron personalmente desde Madrid a traer alimentos, dinero y material sanitario a esos mismos hospitales. Al frente de la expedición venía nuestro querido Tebas, dando ejemplo de buen hacer y mostrando todos ellos el inmenso cariño que le tienen a nuestra ciudad en general y a nuestro club en particular, no como esos desalmados de los Biris, que ya les vale, homepordió…

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