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Dudas

Jul y Gan esquivaban la fila del metro más contentos que unas pascuas porque por fin habían visto ganar al Sevilla en casa esta temporada. De hecho a Jul casi se cae en lo alto de nuestro vecino el pesimista al marcar el Mudo el tercer gol. Decía que no estaba acostumbrado, que después de haber visto un solo gol en lo que llevábamos de liga, ver tres le había provocado vértigos. Pero para mí fue el hartón de salchichas que se había metido entre pecho y espalda.

A los que iban a coger el metro se les pasó pronto la euforia. Temían que se lo fueran a cerrar, ya que las autoridades competentes solo habían alargado quince minutos el horario del suburbano para atender las necesidades de transporte de la hinchada sevillista.

― Esta ciudad sigue siendo un pueblo― les dije, y una vez más, no me hicieron caso.

La semana nos había provocado una depresión debido a una excesiva dosis de realidad. Si siete días antes nos había vencido en casa el Real Martínez Munuera, otras veces conocido como Real Mateu Lahoz, lo de Eibar no tuvo ni excusa ni perdón. Pero el encuentro frente a la Real, de poder a poder, competido, bien jugado, bien luchado, bien ganado, nos hizo ver dónde estamos. Ni tan arriba como 1 semana A.M. (antes de Martínez, en calendario cristiano), ni tan bajos como frente al Barça B (a decir de la vestimenta eibarresa, por si fuera ese el motivo del acojone general).

Ni la defensa se mostró tan segura ni la delantera tan pacata, a pesar de que De Jong siga, no sin marcar, sino sin tener siquiera oportunidades. Un delantero cangrejo el holandés, siempre va de espaldas.

― ¿Sabéis lo que me pasa? ― comentó Gan―. Vaclík no tuvo culpa de los goles, pero hace tiempo que no me da la confianza de antes. Le falta presencia en el área.

― Como Sergio Rico― indicó Jul ―. Nos quejábamos de que no salía nunca y al checo le pasa tres cuartos de lo mismo. Parece que tiene los tacos de las botas enterrados en el área chica.

― ¿Y si lo que necesita el equipo es un delantero centro de más movilidad? ― añadí yo―. Un delantero tanque puede fijar a los defensas, pero uno que se mueva los puede descolocar. De tanto fijar defensas acaba por no haber nadie para rematar. ¿A quién le van a centrar los laterales si no hay nadie en el área?

Una vez más, no me hicieron caso, pero yo no me deprimí.

Ya cerca de casa vimos a nuestro vecino en la calle sacando a Hulio, su perro rubio. Nos alegró muchísimo verlo

― Vecino, ¿qué película echan hoy en Telecinco? ― le gritó Jul, saludándole con la mano abierta.

Pero, como si fuera yo el que hubiera hablado, tampoco le hizo caso y huyó por un callejón oscuro en el que no hacía mucha gracia meterse ni escuchando chistes de Joaquín.

A falta de conversación con nuestro vecino, continuamos nuestra charla.

― ¿Vosotros creéis que Lopetegui defiende la causa palestina? ― preguntó Gan.

― ¡Y yo qué sé! ― respondió Gan ―. ¿Por qué lo preguntas?

― Porque no pone a Dabbur así lo maten.

― ¿Y Bryan Gil, será palestino también? ― ahora era Jul quien preguntaba.

Con más dudas que Vaclik saliendo en un córner continuamos nuestro camino a casa.

― Y el jueves la UEFA― comentó Gan.

― Y el domingo, el Eibar bueno ― recordó Jul.

Continuamos comentando el partido hasta que entramos en casa. No hubo que cantar nada esta vez porque sabíamos que nuestro vecino estaba de paseo.

― Este año, de liga, nada― comenté antes de apagar la luz de la habitación.

Y, como siempre, nadie me hizo caso.

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