Diego Carlos en el encuentro ante el Cluj en el Sánchez-Pizjuán
Diego Carlos en el encuentro ante el Cluj en el Sánchez-Pizjuán | Imagen: Ana Marín

El pasado verano fue uno de los más movidos en el seno del Sevilla FC. Monchi generó una auténtica revolución, tanto en el césped como en el banquillo. La planificación genera opiniones diversas en el entorno sevillista; Sin embargo, cuando se habla de la zaga, existe un consenso generalizado. Y es que el fichaje de Diego Carlos apunta a ser uno de los mejores que se han realizado en el fútbol español. El central brasileño es un auténtico muro, y los números lo respaldan. Indiscutible para Lopetegui, es un quebradero de cabeza para los delanteros rivales.

Plena confianza

La flamante contratación del futbolista procedente del Nantes francés supuso la llegada de un zaguero de garantías, un portento físico al que le gusta dominar el área. Un verdadero cerrojo que da más tranquilidad a Vaclik cuando el rival tiene el balón. El cuerpo técnico no duda de él, algo que es notable en el tiempo que acumula sobre el césped. En Liga, 2.235 minutos repartidos en 27 partidos de Liga. Solo se ha perdido dos encuentros, uno de ellos por acumulación de cartulinas. El otro, la suplencia ante Osasuna.

Por otro lado, en competición continental, en fase de grupos solo saltó al césped en la ida ante el Qarabag (0-3), y ante el Dudelange en el Sánchez-Pizjuán (3-0). Ya en fase eliminatoria ante el Cluj, disputó los 180 minutos al completo. En total, 290 minutos (ante el conjunto luxemburgués solo jugó veinte minutos). Su presencia en el césped es fundamental, y Julen lo sabe.

Los números de Diego Carlos

En competición doméstica, el jugador nacido en Barra Bonita realiza, de media, una intercepción por partido, además de 1,2 entradas y la gran cifra de 5,1 despejes por encuentro. Por el lado europeo, 3,8 despejes, 0,3 intercepciones y una entrada por partido. Estos últimos considerando que ha disputado 1.945 minutos menos que en Liga. Tales datos no tienen en consideración el papel que juega Diego Carlos en el rectángulo de juego. Un portento físico que, con su sola presencia, da confianza a su escuadra e intimida al rival. Cargar cuerpo a cuerpo con él es todo un reto para los delanteros. Monchi sabía lo que hacía cuando consideró su incorporación. A día de hoy es, sin duda, una de las piedras angulares de un proyecto al que, si el COVID-19 lo permite, le falta el lazo final.

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