De necesidades y deseos

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El Sevilla Fútbol Club que jugó en Almería tuvo un breve brote, otra vez, de delirio de grandeza y estuvimos 80 minutos habitando en la derrota. Luego, durante diez minutos se impuso el retorno a la cordura y remontamos. Finalmente empatamos. El Almería no es el peor equipo de primera división de los últimos años como los números indican. Allí empataron Girona, Atlético de Madrid o el Athletic de Bilbao. Tiene mucha más inversión de lo que parece, los millones de los jeques lo dopan, pero afortunadamente en el fútbol el dinero no puede, en ciclos cortos, asegurar el éxito y si no que se lo digan a Lopera o al catarí del PSG.

El Sevilla Fútbol Club cometió el error de creer que estaba obligado a ganar cuando en realidad a lo único que está impelido era a no perder, y por este error grosero estuvo a punto de perder y al final empató. No ganamos porque quisimos ganar. Esto lo debe entender una parte del sevillismo, tan minoritaria como ruidosa en las redes, que de nuevo ha retornado al estado depresivo. Los números de Quique Sánchez Flores son de Conference. Heredó un desastre y ha fabricado un deseo que todavía no es una realidad. Los deseos son una modalidad de intencionalidad del animal humano que va mucho más allá de la simple necesidad.

El deseo no tiene límites, la necesidad sí. El primero es insaciable, la segunda es saciable. Cuando hay una situación de riesgo existencial, que es en la que está ahora el Sevilla Fútbol Club, en el cuadro de mando de las intenciones debemos colocar a la saciable necesidad y embridar al insaciable deseo, porque de lo contrario no conseguiremos ni lo uno ni lo otro. Necesitábamos empatar (sumar) pero deseamos ganar (sumar más rápido); el deseo desplazó a la necesidad de la cabina de mando. El resultado de este desplazamiento es que estuvimos a punto de perder. Casi siempre lo bueno es enemigo de lo mejor.

Viene el Celta con la necesidad de ganar. Benítez ya es historia. Esperemos que el efecto de regreso a la media no se cumpla en el Sánchez-Pizjuán. Si Quique Sánchez Flores vuelve a convencer a la plantilla del Sevilla Fútbol Club del riesgo existencial, no habrá problemas. Confío en el realismo sevillista, seguimos.

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