Imagen: Ismael Molina (La Colina de Nervión)

En el fútbol profesional del Siglo XXI no solo basta con tener buenas cualidades técnicas para llegar a lo más alto. A esta importante cualidad hay que añadirle un gran nivel físico, mentalidad positiva a la hora de superarse y sobre todo saber jugar en equipo. Ya que una individualidad puede ganar uno o dos partidos pero no lleva a tu club a la cima.

Otra característica que deben tener los jugadores es una actitud ganadora y de superación ante cualquier rival. En el balompié existen numerosos casos de profesionales que no llegaron más lejos porque ellos no quisieron. Otros sin embargo viven periodos en los que su actitud acompaña a sus aptitudes y otras en las que la apatía les invade.

Esto está ocurriendo actualmente con varios jugadores del Sevilla. El primero de los casos es el de Fernando Llorente. El riojano vino con la vitola de estrella a Nervión y salvo un par de goles importantes ha pasado desapercibido. Sus actuaciones cada vez enfadan más a la afición del Sánchez Pizjuán que ven a un jugador mediocre, hasta el momento, que cualquiera diría que ha jugado en la Juventus y que parece sentirse más cómodo hablando en medios italianos sobre su deseo de volver a la Juve. El final de campaña está cerca y goles decisivos en momentos importantes le salvarían de un temporada nefasta.

Junto al ariete español desembarcó este verano desde Ucrania, Yevhen Konoplyanka. A sus 25 años era seguido por media Europa gracias a sus actuaciones en un Dnipro que se enfrentó a su actual equipo en la final de la última Europa League. Monchi consiguió reclutarlo y al comienzo de campaña cuajó buenas actuaciones. Cuando parecía que estaba llamado a convertirse en el dueño de la banda izquierda, los cantos de sirenas desde la capital madrileña le desestabilizaron y terminó por perder la titularidad con un Emery que como se suele decir «no se casa con nadie».
El último de los que le sobra aptitud pero le está faltando actitud es José Antonio Reyes. El sevillismo corre por sus venas eso es innegable pero también que su compromiso en ciertos partidos es más que discutible. Su simbiosis con la grada de la ‘Bombonera de Nervión‘ es total y con tan solo unas gotas de su calidad encandila a una afición que sabe de sus cualidades y que espera siempre lo más difícil cuando el esférico está en sus botas. Su fútbol es diferente pero Emery no quiere jugadores que se ‘arrastren’ y los prefiere que lo den todo en los 90 minutos de partido.
Si Llorente, Konoplyanka y Reyes quieren, serán jugadores muy importantes de aquí al final de campaña, pero si no, seguirán en el banquillo más tiempo que sobre el césped. Cuestión de actitud, porque de aptitud van más que sobrados, Emery, el Sevilla y su afición sabrán agradecérselo como es debido ya que conocen la calidad que atesora en sus botas.

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