Aficionados sevillistas animando.

Es que no se puede aguantar el arte que tienes  vecino. Que no; que no se puede aguantar. Eres un verdadero artista. Oye, que te oigo hablar de fútbol, te escucho hablar de tu equipo con tanta sutileza y primor, que guardo siempre silencio y espero hasta el final para decirte «¡Oooolé!». Siempre pasa lo mismo, no falla. Toda la vida de vecinos y cuando sale el tema de nuestros equipos sacas pecho y empiezas a hablar del tuyo mientras te escucho con atención. Sin embargo, no me dejas decirte dos frases seguidas sin interrumpirme. Cualquier excusa te vale para dejarme con la palabra en la boca: «voy a por un botellín», «tengo que ir al wc» o… simplemente me cortas, diciendo: «eso no es así». Paco, ahora no puedes interrumpirme. Ahora puedes oírme un rato. Bueno, mejor dicho, leerme un rato. Te escribo esta carta antes del derbi con todo cariño, vecino.

Querido Paco,

Te he escuchado mil trescientas cincuenta y siete veces decirme que tu equipo ha sido el primero en ganar la Liga y el primero en ganar la Copa del Rey. El primero en jugar la Champions League, el que más peñas tiene y el más bonito, guapo y simpático de España, del mundo y parte de la galaxia. Tampoco puedo olvidarme, mi querido vecino, las mil trescientas cincuenta y siete veces que me has dicho lo especial que es ser de tu equipo, lo especial de ese sentimiento tan profundo y ese amor tan grande, que solo vosotros tenéis. Nadie ama a los suyos como vosotros, pero, mi querido amigo, hoy te voy a explicar unas cositas y verás como leyéndome vas a entender algo la realidad.

Amigo mío, el primer partido que se jugó en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán fue un Sevilla FC – Real Jaén, que acabó con empate a tres goles, un 7 de septiembre de 1958. Ese fue el partido de inauguración del estadio, amigo mío, digas lo que digas y te pongas como te pongas. No pasa nada por decir que vosotros, el primer derbi en este estadio, nos ganasteis y, además, bien ganado. Sí, Paco, es cierto que conseguisteis el primer título de Liga para la ciudad de Sevilla, ya sabes que ante eso te he dicho mil trescientas cincuenta y siete veces «¡Ooolé!». Lo de la Champions League… hombre, con ese nombre también es cierto que tu equipo fue el primero en jugarla, pero el mío ya disputó antes la Copa de Europa. En cuanto a la Copa del Rey… vale, pero antes se llamaba del Generalísimo y la ganamos nosotros (que… bien que te gusta darme la murga con eso, pero sabes que no entro al trapo).

En cuanto a las peñas, por fin voy a poder «hablarte» sin que me interrumpas (ve al wc, pilla un botellín fresquito de la nevera y sigue leyendo Paco). Vecino, amigo mío, lo de vuestras peñas me resulta un poco raro. A veces creo que Cuarto Milenio tendría que hacer un programa especial para hablar del número exacto o, por lo menos, aproximado. Entro en Internet y en un sitio dan un número, en otro el número es distinto y cuando entro en la Federación de peñas vuestra, veo peñas que ya no existen; el listado no está actualizado. También veo peñas que me dejan en fuera de juego, como la de Edimburgo, de la que no se sabe nada desde 2014, la de Miami, que no tiene número de socios al igual que la de Lopera (en Argentina), la de Ginebra o la de Nueva York. Vecino, me parece perfecto que tengáis ocho mil, ocho millones o las peñas que queráis tener y tú lo sabes, siempre te voy a decir lo mismo: «¡Ooolé!». 

Lo mismo pasa con el número de socios, Paco. Siempre tenéis más, pero ahí Cuarto Milenio tendría un programa de mucha audiencia vecino. ¿Cómo es posible que teniendo el año pasado más de 44.000 socios y vuestro club colgase el cartel de «no hay entradas»… luego el estadio no se llenaba? ¿Qué pasó el día del Sporting, que faltaban 13.000 personas? De verdad, Paco, lo único que se me ocurre es que llegaran los amigos de E.T. y varios miles de compañeros tuyos fueran abducidos durante un par de horas. Ya sabes que lo digo con guasa, vecino, pero es que en el último derbi de los filiales tienes que recordar el mosqueo que pillaste. Sabes que quisimos ir a ver ese partido y no pudimos porque no había entradas y luego te pusiste hecho una fiera cuando te enteraste que el 40% de los asientos estaban libres. 

No quiero que se te quede ese recuerdo y te enfades; vamos a hablar de algo que a ti te encanta. Lo simpático que sois y lo bien que cae tu equipo al resto del mundo (bueno, el último partido europeo que fuiste a ver fuera de España a tu equipo fue en Portugal y, según me contaste, aquello fue la caza del bético y te volviste a Sevilla sin ver el partido porque temiste por tu seguridad y la de tu mujer). Pero sí, Paco, sabes que siempre te lo he reconocido, pero mil trescientas cincuenta y siete veces he intentado explicarte que para caer tan simpático influye un factor importante (coge otro botellín si quieres y sigue leyendo amigo mío). Siempre va a caer mejor quien no molesta, quien no hace ruido, quien sale en televisión con un escudo de pan de tres metros, fumando por el ojo, contando chistes o llorando a lágrima viva. Pero te recuerdo que la afición del Cádiz tras la eliminación del Madrid en Copa, por lo de Cheryshev, pasó de ser simpatiquísima a pasarse tres pueblos con la guasa hacia los merengues. Vecino, si molestas a los grandes dejas de ser simpático porque eres eso, molesto.

No quiero aburrirte más vecino. Solo voy a recordarte que lo que sientes por tu equipo es igual que lo que siento yo por el mío. Habrá madres mejores que otras, pero la inmensa mayoría ama a sus hijos. Con esto quiero decirte, mi querido Paco, que en nuestra ciudad hay de todo. Los hay buenos, malos y regulares y los de mi equipo no son los malos y los del tuyo los buenos, eso sería demasiada casualidad amigo. Rara es la familia en la que no hay miembros de los dos equipos (tu mujer y uno de tus hijos son del mío) ¿De verdad piensas que todos los «malajes» y todos los «saboríos» de cada familia son del otro equipo? Vosotros también silbáis a los vuestros (esta temporada dos partidos y dos bronquitas a los jugadores, contra el Deportivo y contra el Granada) como el resto de los mortales. Es más, Paco, ese amor del que tanto me hablas siempre y que es tan especial, no lo veo tan especial, amigo. Sabes que en los últimos descensos habéis tenido altercados en las calles y yo no he visto eso en los últimos descensos de mi equipo. Sabes que aquel último partido en Primera, en vuestra casa contra la Real Sociedad y con vuestro equipo descendido, no hubo mas de 15.000 aficionados en el estadio. Te recuerdo que te perdiste la remontada de tu equipo al mío, en tu campo. Te fuiste con el 0-3 a casa y me dejaste solo en la grada toda la segunda parte y cuando llegué a casa me estabas esperando para echarme en cara la remontada. Una remontada que no viste porque te fuiste a tu casa ¡¡Qué arte tienes vecino!! Y te lo digo con el corazón en la mano y lo sabes, Paco. Hay que tener muchísimo arte para dejar a tu equipo perdiendo 0-3 y dejar a tu amigo solo en la grada, teniendo que coger un taxi para volver a casa y cuando llego veo que me estás esperando con la bandera dando saltos. Sabes que echamos unas risas y no te lo tuve en cuenta, pero, precisamente por eso, por detalles como ese, te digo que no veo ese sentimiento tan especial del que me has hablado mil trescientas cincuenta y siete veces. Vecino, sabes que te aprecio y sabes que no le deseo nada malo a tu equipo, pero si en el derbi os podemos golear… mejor que mejor. No voy a restregártelo, tú ya me conoces, pero pobre de mí si perdemos (la murga que me vas a dar, canalla). 

Siempre hemos estado ahí en los malos momentos personales de cada uno y eso está por encima de todo para mí. Te aprecio y lo sabes. No te deseo suerte para el derbi, Paco, y te recuerdo el chiste que me contaste el derbi pasado: «¿Cómo se dice imposible ganar al Sevilla? Van de verde» (ojalá siga así amigo mío).

Un abrazo Paco.

PD: Con esta carta, por fin me has escuchado sin interrumpirme vecino. ¡Ah! dile a tu mujer que las croquetas estaban riquísimas.

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