Europa es un gigante equivocado. No cabe duda alguna, ya no hay excusas que valgan. Agujas del reloj europeo parecen moverse a una velocidad vertiginosa y sin embargo, la caducidad continúa apoderándose de posibles soluciones. Y lo consigue de forma fácil. La necesaria firma de acuerdos ralentiza una situación caótica. Lees, e intentas comprender el artículo mientras quizás, continúe la pasividad en los errores fronterizos. Y mi deseo, no es otro que la previsión anterior también consiga fecha de caducidad. Que por fin, podamos hablar de victoria europea, de acuerdos y movimientos razonables. Son muchas, las personas que sienten resentimiento cuando observan, de forma mediática, una situación que lleva nuestro nombre. Queramos o no, España forma parte de Europa y tú, querido lector, formas parte del gigante equivocado. Cierto es, que compartimos un resentimiento totalmente idealizado. Nuestra mente no puede llegar a entender aquello que nuestro ser no vive. Es por eso, que la decepción a consecuencia de decisiones políticas nos afecta, pero momentáneamente. Influencia nuestra forma de concebir tal gigante, pero nada más. No es nada, nada comparado con aquellos que sufren cada vez que la tinta toca el papel, para firmar un nuevo tratado. Un nuevo pacto, que podría suponer un nuevo error fronterizo.

Parece ser que nuestra Europa se ha equivocado de balones. El propósito de estos, no es otro que recibir golpes. Fueron creados para resistir a impactos que consigan llegar a portería, al terreno de la victoria. Y así seguimos, mandando balones de un lado a otro y cayendo en una fría incertidumbre. De pronto, el error se levanta como gigante mayor a nuestro gigante equivocado. Ello ocurre, cuando observamos a los mencionados refugiados tratados como balones. A base de golpes, tratan de llegar a una meta, son víctimas de soluciones caducadas. Ahora no, ahora sí. Y mientras se levantan vallas, vallas que encierran balones en un estadio inundado por la desesperación. Sólo en sus mentes, la idealización ha pasado al terreno del deseo. Porque, estoy segura, de que muchos desearían idealizar la realidad como nosotros, y no vivir, a base de golpes para llegar a meta. A veces, parecen como si hablaran de balones. Parece que en esta ocasión, los derechos humanos no traspasan el papel, ni siquiera la tinta. Es necesario el cumplimiento de lo firmado, un traslado al terreno de la práctica.

Como si fueran balones. Sea por tierra o agua, tratan de llegar a Europa. Y muchos se sitúan en terrenos de juego repletos de fango, frío, insuficiencia de recursos e instantes lamentables. Como si de un juego se tratase. Y nadie parece pitar la reapertura de una frontera, ni hay indicios de medidas que les favorezcan. Balones que suben a trenes para dedicar los últimos esfuerzos a un cambio de estadio, una solicitud o bolsas de comida. El equipo médico está saturado, y muchos parecen no tener claro lo esencial: los refugiados no fueron creados para recibir golpes. Hablamos de seres humanos, no de balones.

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