Llegó el otoño con lluvias y con baño de realidad. Primera derrota en casa, donde si no cambia mucho la cosa nos va a costar mucho trabajo ganar partidos. Hay que reconocer que el Real Madrid corrió, se mostró como un equipo solidario, correoso, que luchó con las ganas del Eibar o del Alavés y con la calidad de un equipo digno de su historia y presupuesto (suena el himno nacional), con confianza total en lo que ellos y el árbitro podían hacer.

 El Sevilla lo intentó, hizo lo que pudo, aunque hay que admitir que el equipo estuvo espeso en ataque, que no creó ocasión alguna de peligro y que en las escasas ocasiones en las que se penetraba por las alas no había nadie que rematara un posible centro. Por un momento, pensé que Zidane sustituiría a Courtois por Vinicius para así darle minutos y algo de carnaza a los periodistas de la corte, para que tengan más páginas que rellenar en sus periódicos deportivos de tirada nacional y ámbito local.

Me conmovió de forma especial la solidaridad del trío arbitral con un equipo que venía en horas bajas como el Real (continúa sonando tachero, tachero, porque tachero tachero se puede acortar o alargar a gusto del consumidor, absténgase los de carne mechá). Todos sabemos que la de trencillas y vikingos es una relación tradicional que no ha perdido un ápice de deseo, a diferencia de la de usted, de la mía, y aquí en Sevilla nos encantan las tradiciones. Y que ciudades con menos historia nos copien y también tengan las suyas (suena un chotis en el organillo, instrumento musical, no confundir con la carne de miembrillo).

Por supuesto, que quede claro, que no haya malinterpretaciones, nada más lejos de mi intención criticar la acertada decisión de anular el chicharito de ídem, en claro fuera de juego, sino de ensalzar ese esfuerzo por amedrentar al contrario, por sentirse parte del equipo con más títulos europeos de la historia futbolera. Y es que es humano, comprensible, quién no actuaría igual. Si uno quiere hacer carrera en cualquier profesión debe irse a Madrid, no tiene más remedio, pero si pretende ser árbitro de portada, hay que pitarle al Madrid. Y eso, trabajando en Madrid, está prohibido, porque sería inmoral. Así que, qué mejor que ser árbitro valenciano, aunque no puedas comer paella los fines de semana. Valencia y Madrid, tan unidos por sus gaviotas constructoras que tanto han contribuido al adelgazamiento de sus comunidades, han dado un nuevo ejemplo de hermandad. Mateu Lahoz no debería tener celos de su paisano, todo lo contrario. Ha de sentirse muy orgulloso del tándem ejemplar que hace con Martínez Munuera, y ahora que el VAR permite menos alegrías (aunque eso podrían discutirlo el Leganés o el Alavés), qué mejor que amedrentar al contrario el resto de minutos. Bien visto, a la larga es mucho más rentable. Y más fácil, ahí nadie se mete.

¿Que Bale se sube en lo alto de un contrario, el pobre del galés, que todavía no ha tenido tiempo de aprender español por culpa del golf? Tarjeta para Lopetegui. ¿Que el Real Madrid lleva ya una tarjeta amarilla por patadón de Carvajal? Saquemos al contrario otra a las primeras de cambio, en cuanto se resbale un futbolista, no sea que vayan a ponerse celosos. ¿Que Carvajal protesta a pesar de que tiene ya una tarjeta? No se le puede expulsar, sería un acto incriminatorio injusto, porque atentaría contra su infancia. La protesta, al igual como el lanzamiento a la piscina, están en el ADN merengue. ¿Qué va a hacer el pobre? Si se lo enseñaron desde chiquitito. Sevillistas, comprendan esto de una vez.

Yo, en el fondo, estoy muy contento con la derrota. Porque antes que sevillista soy ser humano, un ser humano solidario. Y me da pena que sufran tanto los madridistas. Son muchos, dispersos por todo el mundo. ¿Qué pasaría si de verdad algún día sintieran sus colores, en lugar de ser la mayoría aficionados a ganar, y pillaran una depresión? No habría pastillas en el mundo. Menos mal que no es así.

Y me da pena que tengan que gastar tanto dinero en conseguir los puntos. No es justo. He echado una cuenta, que no sé si bautizar como Machukball Index, en el que relaciono los puntos conseguidos en la Liga y los millones de euros de presupuesto. Al desgraciado equipo merengue le costó el año pasado unos 12 millones de euros cada punto conseguido (resultante de dividir los 757 millones de presupuesto por los 68 puntos que obtuvieron), mientras que a nosotros (Andalucía roba a todo el que puede, ya se sabe, lo dicen en Cataluña y en Madrid) no llegó a tres millones y medio. Cómo no vamos a darles los puntos, cómo no un cuerpo arbitral tan justo, tan equitativo, no va a hacer todo lo posible por abaratarles un poco la cuenta.

En fin, que este aterrizaje forzoso en nuestra trayectoria no solo ha sido una oportunidad de acallar nuestra soberbia sino de hacer justicia. Gracias, Martínez Munuera por habernos intimidado por nuestro bien, por abrirnos los ojos, por bajar nuestras ínfulas. Un club que ni siquiera tiene tercer anillo en su estadio no puede aspirar a continuar líder. Usted merece todo el merengue del mundo. Yo le invito a insulina.

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