Almería, once again

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Cada vez que oigo mencionar la palabra Almería, invariablemente, mi inconsciente, que ya tiene un bagaje y unos cuantos miles de kilómetros recorridos, abre un archivo que contiene una canción del grupo britano-irlandés The Pogues titulada “Fiesta”. Es una canción, obviamente, de celebración. No lo puedo evitar. El inconsciente es lo que tiene. Y me alegro. Porque este pasado sábado ha sido un día perfecto de celebración. En Almería y con el Sevilla Fútbol Club.

Habrá quien dirá, después de leer el párrafo anterior, que las vacaciones me están sentando genial y que no me he enterado de nada. Cierto es que sigo de vacaciones. Pero no es menos cierto que estoy puntualmente enterado de todo. Otra cosa es cómo lo interprete. Si quieren leer cosas serias, con criterio, fundadas y experimentadas, consulten a Machuca y a Vicente, lunes y martes respectivamente, en esta misma ladera de la Colina. Yo es que estoy de vacaciones (no sé si lo he dicho) y no veo el vaso ni medio lleno ni medio vacío. Lo veo a medio llenar. Y lo que vi el sábado en Almería me parece que es para celebrarlo.

Porque uno, que es ateo por la gracia de todos los dioses habidos y por haber, en cuestiones futboleras sólo reconoce a dos santos: San Mamés y, perdón por la irreverencia, San Chezpizjuán. Porque uno, desde que era pequeño, está convencido de que el fútbol es un deporte de leones, que son seres honestos, guerreros, batalladores, incansables y que miran siempre por el resto de la manada. De ahí que se les considere como los reyes de la selva (con el permiso de las leonas, que eso ya es tema para otro artículo)

Y lo que yo vi en Almería el pasado sábado, insisto, es de celebrar. Un león, herido, cabreado, dolido, seguramente con el corazón encogido, salió de la guarida, se fue hacia la manada y dio la cara. E hizo salir también a todos los cachorros. A todos sus cachorros. Para que mamaran. Para que se empaparan de algo que está por encima de la estrategia y de las puñeteras ventanas y palancas. Esto yo sólo lo he visto bajo el auspicio de los dos santos mencionados. Los dos que amparan y bendicen una visión del fútbol como algo mucho más elevado que un mero deporte, que una simple competición, que un sucio negocio.

De pequeño, mis mayores me enseñaron algo: “El Athletic es una familia. El fútbol viene mucho después”. Y qué alegría, y qué maravilla, que exista otro león, éste de San Fernando (tercer santo del artículo), que piense y sienta lo mismo de sus colores, de su piel, y que lo tenga tan meridianamente claro.

¿Almería? Almería fue una fiesta. Once again. Una vez más. Pinchen en el enlace del video. Suban el volumen de los altavoces. Y disfruten. Lo mejor está por llegar. No lo digo yo. Lo dice un león. De San Fernando. Y eso es ley.      

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