Dice una antigua afirmación futbolística que para que un equipo funcione es imprescindible tener bien cubiertas dos posiciones: la delantera y la portería. El Sevilla, que durante la pasada campaña fue protagonista de un intenso y largo debate acerca de estos puestos por su carencia en ellos, ha aprendido la lección. Como es lógico, en el acto mismo de escarmentar viene intrínsecamente el de poner remedio y, por no ser una excepción a la regla, los rojiblancos terminaron dando con la solución. Así, André Silva y Tomas Vaclik fueron los elegidos para evitar que el agrio debate volviera a abrirse. Pero, como suele decirse, los goles eclipsan a las paradas y los delanteros a los porteros, “lo que no es justo”. Por eso, y con la figura del portugués más que contrastada por los medios, ha llegado el momento de darle su sitio a uno de los grandes responsables de la buena dinámica sevillista: el portero.

Números satisfactorios

Efectivamente, la figura de Tomas Vaclik parece haberse encaminado a ese lugar de honor que todo jugador sevillista quiere alcanzar en la mente de los aficionados. A pesar de haber transcurrido tan solo un tercio de la temporada, el grito de ¡Vaclik, Vaclik, Vaclik! se ha convertido ya en una dinámica del Sánchez-Pizjuán cada vez que el guardameta se acerca al área para colocarse bajo palos. Haciendo honor a la verdad, sus números no son para menos. En cuanto a los tiros a puerta recibidos en liga, Vaclik ha conseguido resolver con éxito cuarenta y nueve ocasiones de las sesenta y cuatro en las que ha tenido que intervenir, lo que lo coloca con un porcentaje de hasta el 76,6% de paradas por cada tiro a puerta recibido. No en vano, el checo supera en esta faceta a guardametas de la talla de Oblak y Ter Stegen. Además, a pesar de los quince goles encajados en catorce partidos disputados, el portero titular de Nervión ha conseguido hacer 3,3 paradas por cada gol recibido, alcanzando una estadística total de 3,5 paradas por cada noventa minutos jugados. De este modo, Vaclik ha conseguido superar en lo que va de curso a compañeros tales como Courtois.

Por otro lado, dejando a un lado números y porcentajes, al excelente rendimiento del arquero se suman otros factores como sus dotes de liderazgo en el área, la sensación de seguridad que transmite al aficionado o su compromiso sobradamente demostrado con el club (no hay que olvidar el episodio del percance de su hija), que se extiende incluso al hecho de su interés en aprender español para entender mejor al técnico y a sus compañeros. No contento con eso, Vaclik ha sido clave para que el equipo haya podido hacerse con la victoria en partidos complicados como por ejemplo, sin ir más lejos, el del pasado 25 de noviembre frente al Valladolid, en el que la mano providencial del portero sevillista en el último minuto permitió sumar los tres puntos.

Incansable

Retomando la exposición de datos, no deben pasarse por alto dos campos tan importantes en el rendimiento de un jugador como son la acumulación de partidos y de minutos. Y es que, a pesar de que la posición de portero no requiere de la exigencia física propia del resto de posiciones, no deber ser esto óbice para dejar de atender a los veinticinco partidos disputados de principio a fin por Vaclik tanto en liga como en Europa (además de la Supercopa de España), acumulando un total de 2. 250 minutos como titular. En efecto, el checo encabeza la clasificación de jugadores con más minutos a las espaldas, seguido de Sarabia y Banega con 24 partidos y 1.597 y 1.977 minutos respectivamente, y Franco Vázquez, con veintitrés partidos y 1.744 minutos. Además, la disciplina y buen comportamiento del internacional le han valido para haber recibido tan solo una tarjeta amarilla, evitando incluso las amonestaciones en aquellos momentos complicados en los que un portero se ve obligado a “perder tiempo”.

Sin duda, el fichaje de Tomas parece haber sido fruto de una de esas alianzas entre el buen criterio de un ojeador y la siempre necesaria suerte. Y es que, tal y como a él le agrada con su acostumbrado silencio, Vaclik ha conseguido cerrar la portería, zanjar polémicas y levantar a la grada

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