Una montaña rusa

Una montaña rusa

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Machín, sobre su destitución, el apoyo en estos meses y Caparrós
El puesto Champions pasa por Getafe

Definitivamente, el cuerpo no nos da esta temporada. Después del ridículo en la Europa League, el cambio brusco de timón, con Caparrós de regreso al banquillo y Monchi de vuelta a su casa, la nuestra, como dirían en Canal Sur, nos ilusionó de nuevo. La victoria frente al Espanyol, al más puro estilo made in Utrera, nos impulsó a olvidar lo acontecido de manera trágica durante los meses anteriores. Por olvidarnos, nos olvidamos hasta de los chinos, los gringos o quienes quieran que fueran (¿o sean?) los que se deseaban (¿o desean?) apropiarse de nuestro club.

El domingo llegamos al Sánchez Pizjuán tan desmemoriados que hasta se nos olvidó pitar a nadie después de los sucesos de Praga. Pareciera que la plantilla hubiera cambiado por completo, como si fuera verano en lugar de primavera; que la junta directiva hubiera mudado también, sin que entren ni chinos ni gringos ni nadie que no sepa comerse las eses al hablar. Los sevillistas entramos al estadio como en el mundo de Yuppi, como Bambi en el bosque detrás su mamá. Y luego pasó lo que pasó, que vinieron unos cazadores levantinos y nos mojaron la oreja según rezó el marcador. Y mira que habían perdido el Getafe, el Alavés, que la oportunidad era ni pintada para alejar al Valencia a seis puntos, para que la Champions no fuera una quimera… Nada, por primera vez desde hace mucho, quizás desde la temporada pasada, el equipo se quedaba fuera de puestos europeos.

A la salida, a los sevillistas se nos había quedado cara de póquer. Que sí, que pudo haber penalti, que anularon un gol extraño, que… Jarro de agua fría, y la montaña rusa que había subido a todo lo alto, descendió, y descendió, y descendió. Una oportunidad de oro perdida. Tan de oro que parece que a pesar de la derrota no estamos peor que la semana pasada (el autoengaño funciona) y que estamos igual de cerca del cuarto puesto. Que incluso el jueves podríamos ver las cosas de otra manera, pero…

Estábamos tan esperanzados que quizás la culpa fuera nuestra. Me pregunto por qué nos ilusionan tanto con los golpes de efecto. Destitución, regreso a un entrenador que insufla coraje a los futbolistas, minimización del estilo en detrimento del músculo en el centro del campo… ¿No eran medidas que respondían a otros tiempos, a un Sevilla que brujuleaba entre el séptimo y el décimo puesto? ¿Nos llevará a la Champions el músculo?

Desgraciadamente, a los futbolistas no les faltó lucha. No perdieron por falta de ganas, por no hacer lo posible, por intentarlo hasta esos épicos últimos minutos. Se dejaron lo que tenían. Pero yo me pregunto, ¿nos dejamos, como club, lo que teníamos en el terreno de juego? Y con mucha tristeza me respondo que me temo que no.

Lo más triste de la derrota del domingo no fue, en mi opinión, la derrota en sí mismo, sino la falta de recursos tácticos para ofrecer soluciones. Esquemas antiguos y previsibles, voleón como consecuencia de la falta de calidad en la salida del balón… y a correr.

Da pena decirlo, pero mucho me temo que don Joaquín, historia viva del Sevilla, sevillista de corazón, se nos ha hecho mayor. Y lo que nos valía antes ya no nos sirve ahora. Porque el fútbol ha cambiado. Perdimos de impotencia, a pesar de nuestros potentes mediocampistas.

De los catorce tiros a puerta que intentamos, el portero del Valencia solo tuvo que detener uno. ¿A dónde fueron, cómo se ejecutaron, los otros trece? Doblamos en faltas y en fueras de juego a los contrincantes. ¿Qué nos dice eso? A mí, que tuvimos que parar al contrario como se pudo y que atacamos de manera muy previsible.

No, a veces no es suficiente con dar un puñetazo en la mesa. Pasa como en la política, las soluciones simples a problemas complejos no sirven. Desgraciadamente en este país, y en muchos otros de Europa, en épocas de crisis, recurrimos a soluciones drásticas y poco elaboradas que tienen poco recorrido. A veces las cosas no se pueden arreglar a voxes…

¿Será esta una de ellas? Ojalá no. Pero me temo que la llegada a sus puestos de dos personas tan queridas por todos lo que ha conseguido es desviar el tiro, anularlo más bien, contra aquellos que son los últimos de gestionar el dinero que producimos quienes nos sentamos en la grada o encendemos el televisor. Porque, que no se nos olvide, son nuestras entradas, nuestros carnés y nuestros dedos gordos pulsando el mando a distancia de la tele los que aquí mantienen a todos.

 Lo dicho. Montaña rusa, por favor, llévame pa arriba otra vez. Por favor te lo pido. Ay, qué mareo, joé.

COMMENTS

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    MANUEL muñoz ortega 3 semanas

    EXCEPCIONAL…COMO SIEMPRE