Hay cosas que me niego a entender, es que no quiero ni intentar hacerlo. Una ellas es que en Irán se condene a una mujer a pena de cárcel por colarse en un estadio para ver un partido de fútbol de su equipo.

¿Perdona? Pero ¿no vivíamos en el S.XXI? ¿No luchamos en España por que se mejoren las condiciones de la liga femenina? ¿No llenamos las redes sociales con quejas para que nos pongan sus dorsales? Sí, estamos en el S.XXI, sí luchamos por unas mejoras y nos echamos las manos a la cabeza por un convenio que no llega, y sí vamos a las tiendas y pedimos el nombre de nuestra jugadora favorita.

Pero a veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos cuando pasamos el torno y entramos en un estadio de fútbol, cuando saltamos del asiento después de ver un golazo en directo y nos abrazamos a la persona del asiento contiguo. Hay aficionadas que no pueden hacerlo.

No me imagino no poder decir que soy mujer, que me gusta el fútbol y que cuando mi equipo juega en casa no me pierdo un solo partido. Que, además, soy de las que se indigna cuando fallan, que canta a voz en grito cuando marcan y que en su cabeza tiene el soniquete de las canciones que se forjan en gol norte. Que pertenezco a una peña que apoya a la sección femenina y que hay mujeres excepcionales que comparten la misma pasión.

Sahar intentó ver un partido de su equipo, el Esteghlal de Teherán, pero infringió una ley no escrita que prohíbe a las mujeres ir a ver un encuentro de fútbol masculino en Irán. Ella lo arriesgó todo por poder pisar un estadio, eso que hacemos miles de mujeres cada fin de semana, y su muerte debería marcar un antes y un después. Este suceso debería servir como llamada de atención para que todos trabajemos por hacer accesible el fútbol a todos, sin importar el sexo. Porque ella se reveló ante una ley injusta y discriminatoria, y que me parece aberrante.

¿Cómo pueden decir entonces que son amantes de este deporte? Para mí, el fútbol significa dejar a un lado los prejuicios y las diferencias, es una herramienta para aprender de otras personas y culturas. Sin importar el color de piel, el sexo o la camiseta que lleve puesta. Este deporte debería ser tolerante, y lo más importante debería ser de todos.

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