14 de mayo de 2014. Turín se preparaba para acoger la final de la Europa League de aquel año. El Juventus Stadium estaba listo para vestirse de gala ante Europa. El trofeo de campeón quedó viudo tras la no presencia del Chelsea en esta competición. Sevilla y Benfica serían quienes lucharían por ostentar la copa y levantar el título de campeón. Todo estaba preparado para presenciar un maravilloso encuentro, volvía la Europa League y ambas entidades se jugaban el volver a ser grandes en Europa.

El camino hasta la final

El Sevilla disputó los partidos correspondientes al Grupo H de la Europa League. En esta serie se veían las caras Slovan Liberec, Friburgo y Estoril Praia, junto al club de Nervión. Los de Unai Emery no perdieron ningún partido y esto les sirvió para terminar líder el grupo con 12 puntos. El otro club que acompañaría al Sevilla a las rondas eliminatorias sería el Slovan Liberec, tres puntos por debajo.

El primer escalón a superar fue ante el desconocido Maribor. Un humilde equipo esloveno que recibía al Sevilla con la mayor ilusión del mundo y que para nada puso las cosas fáciles. La ida se solventó con un empate a dos, en un partido donde el Sevilla comenzó perdiendo. Gameiro y más tarde Fazio fueron los autores de los goles rojiblancos. En la vuelta, los eslovenos también fueron un hueso duro de roer. Los nervionenses ganaron por 2-1, gracias a los tantos de Reyes y una vez más, de Kevin Gameiro. Aunque el Sevilla fue favorito en los dieciseisavos, la eliminatoria no estuvo decantada ante el último momento.

Llegaban los octavos de final. Un caprichoso sorteo emparejó a Sevilla y Betis para esta ronda. El que quedase eliminado, estaba prácticamente muerto, siendo objeto de burla para el resto de la historia. Un derbi en Europa que dejaría dos partidos clavados en la memoria, sobre todo el de vuelta en el Benito Villamarín. Pero antes, el partido de ida. El Sevilla pasó un mal trago ante el equipo de la otra orilla del río. El marcador reflejó 0-2 en el resultado final. Leo Baptistao y Salva Sevilla daban al equipo de Humberto Calderón la posibilidad de salvar la temporada eliminando al archienemigo en Europa.

En la vuelta, la cosa fue bien distinta. Ahora no importaba la Liga, solo el partido de vuelta. No bastaba con salir al campo y hacer un buen papel, había que eliminar al contrario. Tanto por una parte como por otra, el fútbol se resumía a los ámbitos más cotidianos y mundanos. El derbi estaba presente en cualquier conversación, todos los sevillanos esperaban impacientes al duelo. Seguro que más de uno no pudo dormir.

El Sevilla igualó la eliminatoria con un gol de Reyes y otro de Bacca. El gran partido de Marko Marin guió al Sevilla a empatar el marcador global y tras eso, la prórroga. Ninguno de los dos quería salir con la cabeza gacha y prefirieron esperar a la lotería de los penaltis. Comenzaba lanzando el Sevilla. Primer penalti. Vitolo. Paró Adán. El miedo en el cuerpo volvía a adueñarse de los cuerpos rojiblancos. Los tres primeros penaltis (Rubén Castro, Salva Sevilla y Amaya) del lado verdiblanco fueron, simplemente, sublimes. En los nervionenses, Coke, Gameiro y Alberto Moreno tampoco fallaron desde los once metros. Era el turno del cuarto penalti bético. El lanzador fue N’Diaye. El balón se estrelló con el poste y el destino decidió que el rechace saliese desviado. Se igualaban las fuerzas. 3-3. La responsabilidad era ahora para el capitán Ivan Rakitic. El croata tampoco perdonó. Esta vez, si el Betis fallaba, estaba fuera, no había margen de error. Nono dispuso el lanzamiento y al igual que N’Diaye, erraría su tiro. El balón se marchó fuera de la portería y el Sevilla lo consiguió. Igualó la eliminatoria en campo rival, eliminó al Betis y avanzaban a los cuartos de final. La historia fue escrita con letras rojiblancas.

 

En la siguiente fase esperaba el Oporto. El partido en Do Drogao fue algo soporífero. Un solitario tanto de Mangala dio ventaja a los lusos. El 1-0 de la ida no era mal resultado para el Sevilla, pues su afición estaría en la vuelta alentando sin parar. A los cinco minutos de partido en el Sánchez-Pizjuán, Rakitic ya igualó la eliminatoria desde el punto de penalti. Lo que vino a continuación fue un monólogo sevillista. Un pusilánime Oporto fue arrasado por el Sevilla que volteó fácilmente la serie. Los goles de Vitolo, Bacca, Gameiro y Quaresma en el tiempo de descuento dibujaron el 4-1 final. El Sevilla volvía a clasificarse a unas semifinales europeas.

España se aseguró un representante en Turín. La UEFA juntó a Sevilla y Valencia en las semifinales. Ambas escuadras se jugaban más que el pase. La sed de títulos era tal que hacía casi necesario avanzar hasta el último peldaño. En el partido de ida en el Sánchez-Pizjuán, los locales se impusieron en el marcador. Los goles de M’Bia (en fuera de juego) y de Bacca, daban ventaja para la vuelta a los rojiblancos. Un 2-0 que daba algo de tranquilidad a los sevillistas.

El Valencia, consciente de lo que tenía que hacer en su feudo, salió enchufado en la vuelta. Los goles de Feghouli y Jonas en la primera parte igualaron el global. Restaban 45 minutos donde el Valencia se vio más finalista que nunca ante una estrepitosa imagen del Sevilla. Mathieu hizo el 3-0, dando así la vuelta al marcador y clasificando a su equipo para la final. En los últimos compases del partido y al son de »sí, sí, sí, nos vamos a Turín», llegó uno de los momentos que marcaron la historia nervionense. En el tiempo de descuento, con la afición ché más activa que nunca, Coke dispuso de la última jugada del partido en un saque de banda paralelo a la línea lateral del área. El saque del madrileño fue peinado por Fazio para servir a M’Bia. El camerunés, con un cabezazo impecable, batió a Diego Alves para mandar al Sevilla a la final de la Europa League. La locura se hizo inminente en los nervionenses desplazados y por tercera vez, el Sevilla alcanzaba una final europea.

La previa

Sevilla amaneció con una nueva final a la vista. El aeropuerto de San Pablo se llenó de incontables aviones que despegaban rumo Turín. Las carreteras eran la ruta para algunos aventureros que viajaban a la final. El ambiente futbolero volvía a vestirse con el mejor traje para una cita tan importante. La Fan Zone se situó junto a los junto a los Giardini Reali. En el ambiente sevillista donde la cerveza Cruzcampo fue cambiada por la Birra Moretti fue el mejor escenario posible antes de la finalísima. Entre trago y trago apareció Pepe Castro para dar mensajes de ánimos y apoyos a todos los aficionados.

Si bien el Sevilla tuvo un rocambolesco camino hasta la final, el Benfica no fue menos. Eliminó al PAOK en dieciseisavos, Tottenham en octavos, AZ en cuartos y a la anfitriona de la competición en semifinales, la Juventus. Motivo más que suficiente para que la ciudad turinesa estuviese de parte nervionense. Una vez más, el Benfica quería romper la maldición y cosechar un título europeo. La temporada anterior, los portugueses perdieron ante el Chelsea la misma competición.

El Juventus Stadium abrió sus puertas a las 18:15 horas para todo aquel espectador que quisiera adentrase en él antes de la hora del comienzo. Allí, con los respectivos speakers de cada club, ambas aficiones se retaron en los cánticos para establecer las fronteras y anotar el primer gol de la final.

El partido

Con el Sevilla jugando de local en el feudo turinés y el Benfica como visitante, los dos equipos titulares hicieron el respectivo saludo mientras escuchaban el himno de la Europa League. Algo que fue ensordecido por los himnos interpretados por cada hinchada. Las alineaciones que dispuso cada plantel fue la siguiente:

Las sustituciones que llevó a cabo Unai Emery fueron Marko Marin, en el lugar de reyes, Gameiro en el sitio de germano, que tuvo una noche para olvidar. El de Hondarribia decidió reemplazar al bávaro por su escaso desempeño defensivo.  El galo acabó siendo el héroe de la noche. Por último, fue Diogo Figueiras el que entró. Jorge Jesús dio entrada a  André Almeida en la primera parte por el lesionado Sulejmani, Cardozo y Cavaleiro.

Ambos equipos contaron con numerosas ocasiones en la primera mitad. Bacca argumentó el ataque sevillista donde Rakitic ejercía de directo de orquesta con Vitolo y Reyes a los costados. El bloque defensivo tendría mucho trabajo por delante. El Benfica, con mucha artillería en su última línea, provocaría numerosas ocasiones para abrir el marcador, aunque finalmente, el tanto nunca tuvo presencia.

Con el miedo en el cuerpo, la prórroga llegó. De nuevo, ambos cuadros tendrían ocasiones. El corsé que protegían a sendos equipos se había desprendido y las oportunidades sucedieron una tras otra por las dos partes. La respiración se entrecortaba con el paso de los minutos, pues un gol en esos instantes sentaría fatal al equipo que lo encajase. Finalmente, el partido tendría que decidirse en penaltis.

Los portugueses comenzarían lanzando. El primer encargo sería para Rodrigo Lima. El extremo del Benfica acertó y puso el 0-1. Era el turno sevillista. Al balón se dirigió Carlos Bacca y con la tranquilidad cafetera hizo el 1-1. El segundo lanzador luso fue Cardozo. Frente a él, Beto. El arquero sevillista se convertiría en la figura de los penaltis y paró el lanzamiento. El Benfica perdía ventaja en los once metros. M’Bia fue quien adelantó al Sevilla con la transformación del segundo penalti. 2-1. El tercer lanzador del Benfica fue Rodrigo. El punta también perdió su duelo ante Beto y volvió a errar para su equipo.

El lateral Coke tenía en sus pies la oportunidad de poner el 3-1 y dar una gran ventaja al Sevilla. El madrileño, como pasó en el Benito Villamarín, acertó y transformó la pena máxima. El capitán Luisao estaba obligado a hacer gol en su lanzamiento. Beto, que paró los dos penaltis anteriores, se hizo enorme en la portería, pero el zaguero sí hizo gol. Cuarto lanzamiento nervionense. Gameiro va hacia el punto de penalti. Coge el balón y lo coloca en el punto de penalti. Pasos atrás. Tranquilidad en la figura del galo. Pulsaciones aceleradas en los corazones sevillistas. De él dependía que Sevilla se vistiese de fiesta aquella noche. Se dispone a lanzar. Respiración profunda y… el balón acabó en la escuadra de Oblak.

El Sevilla lo volvió a hacer. Conseguía su tercera UEFA Europa League. Un título que no olía desde 2007, noche que también se decidió en penaltis ante el Espanyol. Con este trofeo, empataba a Liverpool, Juventus e Inter de Milán con más campeonatos en sus vitrinas. El Sevilla recuperaba la corona de campeón.

Las figuras

Unai Emery: fue el primer título de su era. El vasco fue muy cuestionado a lo largo de la temporada, pero finalmente se alzó con el trofeo de campeón. Quizás consiguió la UEFA Europa League con el mayor esperpento habiendo eliminado a Real Betis y a Valencia sobre la campana, además de decidirse la final en los penaltis.

Beto: clave en toda la competición, se coronó en Turín. Atajó dos penaltis para conseguir el trofeo y fue el partido más importante de su época sevillista. El luso mantiene un buen recuerdo de la final.

Ivan Rakitic: ‘MVP’ de la final. El croata cerró su etapa nervionense levantando un título con el brazalete de capitán, algo que no se hubiese perdonado a él mismo. Rakitic firmó una temporada sobresaliente y su buena actuación en Europa le abrió las puertas al FC Barcelona.

Kevin Gameiro: fue duda para la final por molestias en la rodilla. Salió de refresco y acabó siendo el más ovacionado. Anotó el penalti decisivo y regaló una noche única a sus hinchas. El francés además acabó como máximo goleador de la competición del Sevilla con 6 goles.

Marko Marin: no todo fue bueno. Entró como sustituto y acabó siendo sustituido. El alemán quedó señalado en esa final. Fue un fiel reflejo de lo que había sido toda la temporada para él.

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