Éver Banega disputando un balón en Ipurúa. Imagen | LaLiga.

El Sevilla FC consiguió ante el Eibar su tercera victoria consecutiva en la Liga, donde han logrado acumular doce goles a favor y tres en contra. Quién lo iba a decir tras caer ante el Real Betis, dar una pobre imagen frente al Getafe y acumular bajas importantes en zonas sensibles del campo. Desde que Pablo Machín encontró la fórmula para dar sitio a Ben Yedder en su sistema e idearlo de la manera en la que no se viera descompensado, el cuento ha cambiado. Los andaluces se han vuelto un equipo: demoledor arriba, organizado en el centro del campo, asentado en defensa y seguro en la portería. Ipurúa fue el último testigo del ciclón hispalense.

Sin cambios

Machín puso el mismo once en liza que le dio la victoria ante el Real Madrid, sin ningún cambio. En un primer momento se dudaba si iba a ser posible mantener el mismo nivel competitivo tras el enorme desgaste frente a conjunto merengue, teniendo en cuenta, que tenían un día menos de descanso que el Eibar. Sin embargo, los sevillistas parecían que llevaban una semana de descanso. No dejaron de correr en los noventa y nueve minutos que duró el partido y mantuvieron la concentración en todo momento, un aspecto importante puesto que el equipo armero, te obliga a estar entero durante el transcurso de los minutos. Los hombres que entraron de refresco cumplieron con su cometido. Roque Mesa -ya menos acelerado- mantuvo el rigor en el centro del campo, Promes dio frescura en ataque y Muriel -que apenas entró en contacto con el balón- entró para dar descanso a un fatigado André Silva.

Planteamiento

El Eibar donde más reconocible se siente es en su campo. Con su gente, se vuelve un equipo correoso, bien plantado, asfixiante en la presión y un juego ofensivo basado en colgar una y otra vez, balones al área. Pero Machín sabía cómo hacer daño a los de Mendilíbar. Los locales sufren mucho a la espalda de sus laterales y fue ahí, donde más incidió el Sevilla. Arana y Jesús Navas -sobre todo éste último- no dejaron de buscarle las cosquillas a la defensa rival, apurando línea de fondo y enviando centros al área. De hecho, dos de los tres goles, nacieron fruto de una incursión de Navas por la derecha y envió a la zona de castigo.

En el encuentro fue muy importante la posición que ocupó Sarabia. El madrileño, al no tener una posición fija en el campo, apareció desde la segunda línea haciendo mucho daño a la defensa local. En el minuto 11′ tuvo una buena ocasión para hacer gol, pero el mano a mano lo desbarató Dmitrovic y el arrastré que realizó al defensor en el primer gol, fue clave para que Navas centrara sin oposición y terminara marcando André Silva. El portugués continúa en estado de gracia. Siete goles lo elevan al pichichi de la Liga.

Trabajo

Machín ha conseguido que futbolistas que juegan con mocasines -caso del Mudo y Banega– consigan ponerse el mono de trabajo y bajar al barro. Tremendo el desgaste físico de los dos talentosos futbolistas en cada en encuentro. Son los que más balones recuperan y hacen jugar al equipo. Contra el Eibar, se supo desde un principio que iba a ser un partido loco y de ida y vuelta. Realmente, muchos minutos fueron así, pero dentro de ese desorden, el Mudo y Banega encontraron el orden y la pausa necesaria para controlar el partido. Si que es cierto, que el Eibar realizó una alta presión en prácticamente todas las líneas y pusieron hasta dos hombres encima de Banega, pero cuando fallaba uno, ahí estaba el otro. Para superar esas líneas de presión, el Sevilla le otorgó el protagonismo del esférico al conjunto armero y mantuvo la concentración durante el cómputo global del encuentro. En ese sentido, la zaga fue fundamental; Carriço, Sergi Gómez y Kjaer no dieron lugar al error. Defendieron con un 5-3-2 con las líneas muy juntas y evitando así que los de Mendilibar penetraran por el centro y se estiraran en ataque.

Correcciones

Uno de los problemas en el sistema de Machín está cuando sale con el balón controlado desde la defensa, el equipo al estar tan abierto, si en ese momento pierde el balón, se genera una situación de superioridad ofensiva por parte del rival. Dichas circunstancias se originaron ante Villarreal y Getafe. El soriano le ha dado un giro de tuerca a su sistema, no solo añadiéndole un punta sino también, juntando la línea del centro del campo con la de la zaga, ayudando así a que el equipo no esté tan descolgado.

La victoria ante el Eibar fue de auténtico oficio. El Sevilla solo había ganado dos veces en Ipurúa hasta la fecha. El equipo carbura y los futbolistas habituales están en un estado fabuloso. Veremos si el entrenador sevillista introduce cambios en el partido de Europa League y se pueden subir al tren de la regularidad, los menos habituales.

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