Esta semana comienza la temporada. El jueves se inician los entrenamientos de la segunda era Monchi. Se acabaron las protestas, terminaron las dudas, regresa la ilusión. Después de semanas de calma chicha, durante las que nada se movía, en las que todos mirábamos a uno y otro lado con inquietud, el viento ha levantado las velas de su sopor y el barco comienza a navegar a velocidad de crucero.

Ya nos hemos tragado los peores sapos, los que fueron santo y seña de la última temporada serán pasado sevillista cualquier día de estos. Las lágrimas están amortizadas y el papel de regalo, listo para envolverlos hacia el banquillo que los acoja.

También hemos visto, esta vez con cierto alivio, al menos en uno de los casos, cómo los dos fichajes más caros de nuestra historia han hecho las maletas, y pronto veremos desfilar un buen número de miembros de la última plantilla hacia otros destinos. No pasa nada, como dicen muchos expertos en la materia, es muy difícil que un futbolista juegue donde no quiere jugar. Al menos sabemos que Joan Jordán, el flamante mediocampista fichado del Éibar, está donde quiere estar, con nosotros. Olé por Joan.

Si algo ha cambiado en estos últimos meses de forma radical ha sido el talante de los aficionados. La gente está tranquila, confiada, porque la nave la comanda un león marino de San Fernando. Y más aún cuando el viento ha hecho izar las velas del barco sevillista y los fichajes comienzan a llegar. Incluso la contratación de Alberto Moreno por el Villarreal se ha visto con una cierta compasión. Quien no quiera estar aquí, puerta, que nosotros tenemos a Monchi.

La confianza en el director deportivo es ciega. Los años han demostrado que él sí era imprescindible, que él ha sido la piedra angular del nuevo Sevilla, el que sentó las bases de un equipo ganador. So lo él es capaz de serenar aguas que andaban muy revueltas.

Después de Jordán, Diego Carlos y Munas Dabbur, fichaje anterior al regreso de nuestro león favorito, llega Luuk de Jong. Decían que uno de los objetivos del verano sería españolizar la plantilla, hasta ahora no ha sido así. Suenan nombres importantes, pero los aficionados soñamos con que regresen algunos de nuestros hijos pródigos. Ojalá. No ha podido ser con el lateral izquierdo, pero quién sabe si el centro del campo pueda poblarse de niños que se criaron en nuestros pechos.

Mientras nuestra dirección deportiva trata de hacer encaje de bolillos para mejorar la plantilla, Madrid y Barcelona manejan cifras pornográficas, inaccesibles al resto de equipos, para conformar sus plantillas. ¿Qué club puede hacer frente a las ansias depredadoras de los clubs más poderosos de la liga española? ¿Cómo es posible que la UEFA no intervenga para asegurar una verdadera competición equilibrada en los campeonatos domésticos? Porque no solo se adulteran las ligas, esto también influye en los resultados de los torneos europeos e incluso en las competiciones de otras disciplinas como el baloncesto, y quizás muy pronto el fútbol femenino. Si no, ya veremos en qué se convierte el Club Deportivo Tacón con la llegada del taco, de billetes, de Florentino (sin premio). ¿Por qué no se instauran unas reglas similares a las de la NBA en el fútbol?

Pero, a pesar de todo, de Pogba o de Hazard, de Neymar o Griezman, de Eriksen o de Lautaro Martínez, los aficionados sevillistas soñamos. Como los de todos los equipos, con la misma intensidad, no importa el tamaño. Es lo que tiene el fútbol, que siempre nos deja un resquicio para soñar, que siempre hay un motivo para dejar de pensar en la lógica, en la estadística, en la probabilidad. Quizás por eso triunfan las casas de apuestas en el fútbol. Por cierto, algo de lo que se debería hablar muy seriamente, y en el caso del Sevilla aún más puesto que es su principal patrocinador esta temporada. No podemos fomentar valores a través del deporte si difundimos una de las adicciones más difíciles de curar: la ludopatía. Si se le ha cerrado la puerta a la publicidad del tabaco o el alcohol de alta graduación en el deporte, ya va siendo hora de que no permitamos que el juego continúe arruinando familias, por lo general humildes.

Mientras tanto, soñemos. Comienzan las revisiones médicas. Quedan por ver muchas fotos de futbolistas nuevos mostrándonos sus pulgares arriba, muchas frases manoseadas por escuchar. Falta saber quién de los nuevos dormía con la camiseta del Sevilla por pijama, quién cree que el nuestro es el mejor equipo de la ciudad, el que no tuvo dudas cuando Monchi lo llamó; incluso el que posee completa la discografía del Arrebato. El ciclo de la vida se repite. Estamos en verano. Ya llegará el invierno. Cuando tengamos que protegernos de la realidad.

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