"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca

Ha sido una semana perfecta desde el último Jul y Gan. En casa estamos muy contentos por los seis puntos que hemos sumado, y más después de la última manita que recibimos. Habrá quien piense que una manita es el mal necesario para que el equipo reaccione. Lo que es cierto es que ya no queda mucho margen para nuevos errores, por lo que sería más que aconsejable que no volviéramos a pasar por un trance digital así.

Sin embargo, y a pesar de la alegría que suponen las dos victorias, hemos conseguido de una forma poco sosegada los seis puntos. Y me temo que como la dinámica continúe de esta forma, no voy a tener más remedio que adelantar mi visita al cardiólogo.

A este equipo le falta mala leche delante y  en no pocos partidos le sobra candidez atrás. Resulta increíble, hasta meritoria, diría yo, la capacidad que tienen nuestros jugadores de fallar goles. Es una habilidad que no recuerdo desde que fichábamos, y hace ya años de esto, a los pichichis de segunda división. Es más, me parece que Cantudo, Morete o Joaquín Pichardo no erraban tanto como nuestros delanteros, que no sé si deberían pensar en abandonar el fútbol para formar una nueva orden religiosa de Hermanas de la Caridad, con hábito patrocinado por New Balance.

Por hablar de los goleadores del partido frente al Athletic de Bilbao, me parece que Luis Muriel sería un digno campeón olímpico de cabezazo al muñeco, y la puntería del Mudo Vázquez, que hizo un partidazo, debería calibrarse en una caseta de tiro de cualquier feria de pueblo. Estoy seguro de que se llevaría un buen saco de muñecas chochonas a su casa. Y ni que decir tiene que serían grandes candidatos a Reyes Magos en la próxima Cabalgata. Nadie tan generoso como ellos con los demás.

La angustia que pasamos viendo jugar al Sevilla el miércoles pasado en La Rosaleda fue de impresión. No sé qué podría haber ocurrido de haber tenido a otro equipo delante, porque el Málaga tiene menos futuro en primera que el Sevilla Atlético en segunda, que ya es decir. Y el Málaga, venga a bombear balones al área, con la esperanza de que Diego González hiciera de Juan Cala; y nosotros a lo nuestro, a fallar goles, a darle vida a un moribundo que tiene clavado un espeto en el corazón. Lo dicho, como siga el Sevilla así, va a haber que ampliar las plazas de MIR de cardiología en nuestra ciudad, al menos en San Juan de Dios, que es el que nos pilla más cerca.

Contra el Athletic de Bilbao la situación fue algo mejor, porque en la primera parte tuvimos una puntería medio aceptable (ay, Muriel y su cabecita), pero la intranquilidad que supuso que los vascos sacaran en la segunda a dos Miuras como Raúl García o Adúriz, junto al héroe de la eliminatoria de Europa League que les disputamos años atrás, nos puso los güitos en el lugar que ya se está convirtiendo en un clásico durante esta temporada: la garganta.

Menos mal que la defensa estuvo perfecta y dejó a un lado la generosidad que le ha caracterizado en más de una ocasión, porque fallamos tantos goles claros que sería más que interesante elaborar una estadística acerca de ellos, una clasificación en la que estoy seguro de que no habría equipo que nos tosiera.

Lo dicho. Se busca leche agria, caducada a ser posible, para alimentar a los futbolistas que potrean por la carretera de Utrera. Es urgente, Manchester se acerca, y los que vienen el próximo sábado toman horchata de chufa. 

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