El Sevilla sigue vivo. El equipo de Joaquín Caparrós salió del Wanda Metropolitano con opciones. A pesar de un partido espeso, lento y en el que parecía que no había nada en juego. Un gol de Sarabia deja todo por decidir en la última jornada. El Sevilla debe ganar en casa frente a un Athletic Club de Bilbao venido arriba y esperar los resultados de Valencia y Getafe.

En cuanto al encuentro, la primera parte fue digna de un amistoso. El Sevilla salió a verlas venir, con un juego muy lento y muchos pases entre Kjaer y Sergi Gómez. Muchos fallos en los pases, poca movilidad y, lo peor de todo, poca actitud para conseguir el objetivo de entrar en la Champions League. El Atleti apretó, consiguió varias ocasiones de gol en las que intervino bien Tomas Vaçlik, pero no pudo evitar el gol postrero de Koke. Un gol que llegó tras la pasividad de la defensa, ya que Kjaer dejó correr y avanzar al madrileño sin acometer ningún tipo de presión. Con un disparo flojo, sin colocación y desviado por la rodilla del danés, el Atleti se adelantó.

La salida de Amadou y Aleix por Gonalons y Kjaer, ambos lesionados, dio algo de vida al conjunto sevillista. Se vio un juego más rápido, mayor actitud tras la charla de Caparrós. El Sevilla comenzó a llegar con cierto peligro y a incomodar a la defensa atlética. Defensivamente, había mucha más seguridad con un Gnagnon muy correcto, que hizo un gran partido. Fuerte al corte, con criterio a la hora de sacar el esférico y muy seguro. El Sevilla avanzaba líneas y con el gol de Sarabia, tras un centro medido de Franco Vázquez, tuvo la opción de llevarse los tres puntos, pero Sarabia la mandó fuera.

Sarabia, el mejor

De nuevo, el madrileño fue quien encabezó el ataque del Sevilla. Lideró, mandó y participó en todas las jugadas ofensivas del equipo. Abandonó el costado para intervenir por dentro, y realizó mucho daño. Consiguió el gol del empate y pudo adelantar a las suyos y conseguir tres puntos importantísimos pero finalmente no pudo ser.

Kjaer, desacertado

El danés tuvo que ser retirado en el descanso porque sufrió vómitos y mareos. Pero también hay que comentar que su partido no fue como él esperaba. Estuvo muy inseguro. Morata le había ganado varias veces la partida por alto y por bajo. Para colmo, su rodilla fue quien metió el gol tras un tiro de Koke que ni él mismo esperaba que fuera a entrar.

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