Dicen los expertos que la diferencia entre el código genético de la mosca del vinagre y el ser humano es de apenas un 2%. Es decir, tenemos, a pesar de no volar ni de que nos neguemos a admitir que nos guste comer mierda, estemos o no en Twitter, un 98% de similitud a esta díptera tan molesta en su vuelo. No obstante, no imagino que lo que quisiera decir Monchi la semana pasada ante los Fieles de Nervión fuera que el sevillismo tiene todo el derecho a mosquearse ante el desmantelamiento del equipo y la más que previsible marcha de dos de sus jugadores más destacados durante la pasada temporada.

Si nuestro código genético, y el de nuestros jugadores, como seres humanos que son, se parece un 98% al de la mosca del vinagre, no digo yo el porcentaje de similitud que tendrá con el de los futbolistas del Europa, equipo catalán de la tercera división en el que se formó el nuevo seleccionador español masculino de origen pileño Robert Moreno. No, no creo que se refiriera a la genética stricto sensu, lo de Monchi era pura poesía. A lo que aludía, imagino, era a la emoción de recuperar las señas de identidad de casta y coraje, de equipo incómodo, luchador y peleón, y no tanto a volver a ser el club que vende caro y compra barato que tantos éxitos nos dio, y a lo que irremisiblemente tendremos que volver mientras las desigualdades no persistan como norma del código genético de lo que significa ser español, sea en la faceta que sea, ese espíritu patriótico por el que los peces grandes se comen a los chicos, y los grandes se ponen cada vez más grandes y los chicos, cada vez más chicos.

Durante estas semanas, en las que las noticias se han focalizado más en lo que sobra que en lo que viene, ya nos hemos tragado, y asimilado, por tanto, que nos va a tomar bastante tiempo memorizar los nombres de los que vengan. Unos veinticinco cambios, entre llegadas y salidas van a producirse, así que este verano tocará estudiar y ver videos en YouTube para poder hablar de algo con una cierta propiedad en la cafetería o en la orilla de la playa mientras dudamos entre bañarnos o darnos una nueva manita de protector solar.

A pesar de la que se avecina, solo los más pesimistas creen que nos van a dar salami. Todo lo contrario. Si recuperar el gen sevillista significa ver de nuevo con nuestra camiseta a Alberto Moreno, a Luis Alberto o a Campaña, lo daremos por bueno. Sí, el fútbol será un deporte muy profesionalizado, pero en las gradas lo que se respira es espíritu maternal, porque, sea cual sea el género de quienes nos sentamos en la grada, contemplar embelesados a nuestros niños de la cantera corretear por el césped de Nervión será algo que nos llene de orgullo.

Sin duda, va a ser muy difícil volver a verlos a todos, ya maduros y hechos con la camiseta que vistieron de niños. Habría que preguntarse por qué desembolsar tanto dinero en chavales criados en nuestra cantera, debería ser motivo para la reflexión sobre qué hacemos mal a la hora de que los nuestros se asienten en el primer equipo, una reflexión de la que no puede eximirse la grada, y recuerdo a Sergio Rico, pero si el esfuerzo económico puede hacerse, merecerá la pena.

Recuperar el gen sevillista de la casta y el coraje está bien, pero que un buen número de jugadores de la plantilla pudieran pasar las pruebas de paternidad, sería aún mejor. Hoy cualquier jugador de primera división sabe besarse el escudo del que le paga al celebrar un gol, pero a todos no les brillan los ojos, o no lo hacen por igual. No es cierto que haya que haber crecido en la carretera de Utrera para sentir en sevillista, pero a quien haya nacido allí, al que haya llorado allí de niño y haya sobrevivido a la dura selección natural de la cantera, a ese sí que le brillan los ojos. Porque le hierve la sangre roja, que diría nuestro Joaquín Caparrós.

Aguardamos noticias con esperanza. Ojalá haya muchos niños que vuelvan y tengamos paciencia con los que puedan subir al primer equipo, para que no tengan que hacerse fuera de casa y vuelvan a precio de oro. No más mosqueos ni caras avinagradas con los nuestros. Esos genes también hay que tenerlos bien activados en la grada.

Y sí, queremos recuperar el gen sevillista. Queremos recuperar a nuestros hijos. Monchi, no lo dudes. ¡A por ellos!

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