"Jul y Gan" | La opinión de Manuel Machuca

Espero que no les moleste que un republicano como yo les escriba esta carta. En el reino de la ilusión, ― perdón, en el mundo de la ilusión, que el subconsciente me traiciona al creer en monarcas de los sueños como ustedes― por pedir, que no quede, y es por ello que me atrevo a solicitar en esta carta algunas cosas para mi equipo.

No, no les voy a pedir copas, ni fichajes. Tampoco salidas, aunque ganas no me faltan, y no me refiero tanto a los que hincan los tacos en el césped como a los que se sientan en espacios acotados o calientan sillones mullidos. No se lo pediré a ustedes, que son más de fichajes de enero, eso lo dejaré para las danzas de las hogueras de San Juan, en el solsticio de verano. Sé que las salidas en caliente se producen en invierno y las que han de realizarse con la cabeza fría son, como las bicicletas, para el verano, pero esto es lo que tiene el alocado mundo del fútbol. Aunque cuando lleguen las calores― en andaluz calores es femenino, como la mar― habrá que quitarle a más de uno el móvil que llevan adherido a las orejas durante los entrenamientos en la ciudad deportiva. Todo llegará. En verano. Paciencia.

Por no pedir, ni siquiera les pido pasar a cuartos en Champions, con las ganas que tengo de que pasemos. Y si le ganamos al Betis, bien, y si no, pues qué le vamos a hacer. Imagino que a ustedes les tirará más un equipo cuyo nombre comienza por real, por mucho que haya sido más bien imaginario en los últimos años. Si no les ganamos, no pasa nada, les habremos hecho el regalo que más les gusta, su tradicional castillo de naipes que luego se les desmoronará al menor soplido.

Lo que sí que les pido, y perdonen el extenso preámbulo, es que nuestro equipo haga como ustedes, seguir nuestra propia estrella de oriente. No me interpreten mal, no es que le vendamos el club a un oriental, sea árabe, ruso o chino, con los bolsillos llenos a costa de explotar esos negocios dudosos que se blanquean cada año en las listas de la revista Forbes. Vaya, otra vez me he enrollado y me he ido por los cerros de Úbeda, esa preciosa ciudad tan cercana a Linares, aquel lugar donde rozamos el infierno. Como pueden comprobar, deberé pedirles, ya en lo particular, que pueda ser más concreto cuando hablo, porque es que no aprendo.

Lo que les ruego, y ya sí que voy a lo que voy, es que mi equipo siga la estrella que le ha llevado a los éxitos. En este año I d.d.M. (después de Monchi, por si no me entienden) es que recuperemos el norte (el Oriente para ustedes). Que perdamos si hay que perder, pero que no perdamos lo más importante: la vergüenza. Que quienes llevan nuestra camiseta entiendan que con ella se puede ganar o perder, pero que lo que siempre hay que dejarse es la piel en el campo. Que admiramos la cintura de junco de don Enrique Montero, la filigrana de la escuela sevillana, esa que está en trance de desaparición por el muro infranqueable que es para los de la cantera llegar arriba. Pero que nunca consentimos, porque nos duele, porque nos duele mucho, que los nuestros arrojen la toalla antes de que acabe el partido, que se dejen el orgullo en cualquier taquilla de vestuario.

Ni oro, ni incienso ni mirra quiero. Quiero orgullo, quiero que nunca se rindan, porque acepto salir del campo derrotado, pero nunca avergonzado. Y por eso, si los que juegan, los que entrenan o los que dicen que mandan y juegan al trile con las entradas y salidas de jugadores, no lo entienden, que ustedes los manden a Belén con los pastores. Y como queda cerca de Turquía, siempre los podrán colocar en alguno de sus equipos.

Eso es lo que les pido. No sé si les parecerá a Sus Majestades mucho o poco, pero si no me lo dan, o se entienden ustedes mejor con los Cerezos o Florentinos, pongan sus barbas a remojar, porque también pediré república para su Cabalgata.

En espera de que mi petición sea atendida, me despido con un arrebatado saludo desde mi colina nervionense.

Atentamente (porque estaré bien atento a lo que hagan),

Manuel Machuca

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