El análisis que hago del partido de ayer no es otro que el de tratar de entender, con la temperatura que hacía en Sevilla, cómo el equipo de Nervión estuvo tan cómodo, cómo entró en calor tan pronto y por qué no ocurrió lo mismo con el equipo noruego, tan acostumbrado, por otra parte, a temperaturas peores.

Sí es cierto que se trataba de un rival un tanto fácil, pero en realidad fue un partido decisivo debido a que no sabemos cómo se comportarán los de Emery por tierras nórdicas. No hay que olvidar que el Sevilla sigue su racha en el Sánchez Pizjuán pero que como visitante se las ve y se las desea para poder conseguir una victoria.

Ante los rubitos de los fiordos, los jugadores del Sevilla lograron hacer un frente común que los mantuvo encerrados atrás casi la totalidad del partido. Y eso que ambas aficiones disfrutaron como niños. Los locales por el juego de su equipo. Tres goles como tres soles en los que Llorente se convirtió en protagonista. Un momento idóneo ya que su papel en el club es más que discutido. Y los noruegos porque todo lo que sea superior a -3 grados centígrados lo viven como si estuvieran en Ibiza.

Yo, ante tanto alarde de futbol y ante otro espectáculo sevillista, la cañita que me tomo después de cada partido con mi montaíto de pringá en el bar Las Palmas, la quise acompañar de un rendido homenaje al club noruego. Cuando me preguntó el camarero qué quería le dije que «mi caña, como siempre, pero esta vez no me pongas el montaíto, ponme un sanwich de pan… de Molde».

Y por si fuera poco, no nos comimos a los nórdico sólo en el Sánchez Pizjuán, sino que también, al menos en mi caso, en mi bar de toda la vida. Va por ustedes!!

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