La jornada veinticuatro del campeonato liguero dejó durante la tarde del domingo uno de los encuentros a priori más atractivos: Villarreal vs. Sevilla. Los de Machín llegaban al Estadio de la Cerámica con la esperanza de volver a recuperarse de sus anteriores actuaciones en liga; nada más lejos de la realidad, los rojiblancos cosecharon una contundente derrota por tres goles a cero contra el conjunto castellonense. Otro tropiezo más que se suma a la ya larga lista desde la vuelta de vacaciones, habiendo agotado la ventaja cosechada durante la primera vuelta y la paciencia de la afición, que ha visto a su equipo caer hasta en tres ocasiones contra equipos en zona de descenso. A pesar de la victoria frente a la Lazio en Roma, el Sevilla vive momentos de cabeza gacha y moral sucinta, dejando a merced de sus perseguidores su plaza Champions.

Ni juego, ni casta

La ausencia de Banega en el verde auspiciaba un juego más trabado y menos fluido; aunque solo era una suposición -vayan ustedes a saber por qué- el paso de los minutos convirtió la presunción en realidad. En efecto, la derrota comenzó a fraguarse ya en los primeros compases del encuentro; un Sevilla totalmente desubicado y pasivo no fue capaz de encontrar el modo de establecer líneas claras de pase que acercaran la bola al área rival. A la ya de por sí desacertada comunicación entre jugadores se sumaba la mucha distancia que distaba entre estos, que no terminaban de acompañarse cada vez que se trenzaba una jugada combinada que finalmente hacía aguas.

Con un Villarreal volcado en ataque y llegando al área sevillista, los de Machín quisieron castigar el atrevimiento de los de Javi Calleja mediante contras, pero una vez más la falta de claridad en el juego fue un obstáculo, amén de que las contras no están siendo ni por asomo una de las bazas fuertes de los hispalenses. Además, la falta de acuerdo entre los futbolistas a la hora de afrontar los contragolpes dejaba estampas desiguales, con algunos futbolistas corriendo a todo pulmón y otro tratando de forzar una falta que permitiera al Sevilla recolocarse, aunque también al Villarreal.

En lo tocante a la zaga, la tríada formada por Sergi Gómez, Kjaer y Wöber no terminaba de entenderse, provocando desajustes que acabaron costándole la derrota al Sevilla. Falta de contundencia, de agresividad y de comunicación fueron los tres grandes errores que penalizaron tanto en el primer como en el segundo gol, con pérdidas constantes y evidentes de las marcas. Por otro lado, la distancia excesiva entre la línea defensiva y la de medio campo dejó espacios suficientes como para que el submarino amarillo cogiera las espaldas a los carrileros y al pivote, generando un rápido retroceso en los metros conseguidos en ataque.

Como era de esperar, la ineptitud pertinaz para sacar provecho de los balones parados volvió a brillar por su presencia, al igual que la falta total de solidez para defenderlos, lo que propició el primer tanto de los castellonenses. A media altura, bombeados, al primer palo, al segundo, a la frontal para remate, con pase a un segundo jugador con posterior centro, etc… ni con todo el elenco posible de jugadas a balón parado consigue Machín hacer valer sus ejercicios de pizarra y su esquema, por momentos inexistente. Así, el Sevilla insistió una y otra vez repitiendo acciones que naufragaban intento tras intento, aunque lo peor quizá sea que lleva naufragando en esta faceta desde principio de temporada.

Ni forma ni ganas

Si la amonestación de Banega no hubiese sido suficiente para intuir que le encuentro acabaría en derrota, la presencia de Ben Yedder en el banquillo tampoco daba muchas esperanzas de creer en la victoria. En su lugar Machín decidió introducir en el once titular a Munir, que ha demostrado no tener ni la forma adecuada ni el ritmo necesario para defender los intereses del Sevilla. Quizá contagiado por la dinámica del equipo, el ex del Barcelona dio por momentos la sensación de haber caído en la desidia y, por si algo pudiera irle peor, cuando tuvo la ocasión de resarcirse y anotar para adelantar al Sevilla no supo batir a Asenjo en la primera ocasión y en la segunda la falta de paciencia mandó el balón por encima del larguero. De este modo Munir se convirtió en el jugador más intrascendente y errático del partido.

Una actuación decente

Cuando uno sufre una derrota por tres goles a cero es inevitable que la defensa sea señalada. Si bien es verdad que el triunvirato compuesto por Sergi Gómez, Kjaer y Wöber no fue del todo efectivo, también lo es que la actuación del danés hasta que tuvo que retirarse estuvo a la altura de las circunstancias. Su experiencia en estas lides le permitió desbaratar algunas de las internadas más peligrosas de los de Javi Calleja, dominando tanto el centro de la defensa como el juego aéreo, aunque no pudo hacer nada por arreglar los errores de sus dos compañeros. Aunque su lentitud a la hora de jugar la pelota abortó la posibilidad de hacer algunas jugadas rápidas su actuación la presencia de Kjaer sobre el terreno de juego fue la más destacada del encuentro.

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