Sí, eso es lo que dura un partido de fútbol. Noventa minutos, no ochenta. Noventa. Vamos a repetirlo de nuevo: noventa, y el descuento. En ese descuento que nos remató, de volver a matar, Modric. En el mismo descuento en el que nuestro rayado vecino consiguió llevarse los tres puntos a la buchaca. Noventa. Noventa más el descuento. Ochenta, no. Ochenta dura uno de rugby; como máximo. Esas son las reglas. Y si a nuestro entrenador no le gusta, puede pasarse al rugby, aunque ya el Sevilla no tenga equipo como antaño ni tampoco pueda enfrentarse al Real Madrid. No sé si el Girona lo tiene, habrá que verlo.

Que perder contra el Real Madrid entre dentro de lo normal, y más con las desigualdades presupuestarias que contaminan la competición, ya lo sabemos, pero nos jode. Aquí nos jode mucho perder contra el Real Madrid. Que haya partidos malos también lo es, igual que lo es que haya rachas malas. Nos jode, pero pasa, a todos les pasa en algún momento. Nos sigue jodiendo, pero lo comprendemos. Qué le vamos a hacer.

Pero hay algo que jode mucho más que perder contra el Real Madrid o que tener una racha preocupante. Incluso más que el equipo se arrugara dos veces seguidas en liga, ante el Athletic de Bilbao o ante el Real Madrid, que ya es jodido y humillante para quienes les duele un escudo. Lo que más jode son las excusas.

Mire usted, señor Machín. Puedo entender que la ropa sucia haya que lavarla dentro. Por cierto, antes de seguir, ¿han subido ustedes un video sobre lo que dijo a los jugadores en el vestuario del Real Madrid tras la derrota? ¿Me lo he perdido, o solo se sacan cuando el viento sopla de popa? Perdone el inciso, sigo. Puedo entender, decía, que las verdades del barquero haya que expresarlas en la intimidad, pero yo, como aficionado, merezco una explicación, no una excusa. Y mucho menos interpretar con ella que somos un mojón de equipo y que deberíamos dar gracias a Dios por haber llegado con la popa intacta hasta el minuto ochenta. Sí, ese minuto en el que terminan los partidos de rugby, el deporte de los caballeros, pero no los de fútbol, el de los bestias. Estos duran noventa. Noventa más el descuento.

Señor Machín, sé que, a diferencia de a mí, le gustan los toros. Pero no nos toree, por favor. Porque no solo me jode perder contra el Real Madrid, al menos tanto como a usted, supongo, sino porque me avergüenza, no solo que bajen los brazos sino que encima nos quieran hacer creer que esa falta de valentía es meritoria. No somos tontos. No entendemos tanto de fútbol como usted, que me encanta, (¿o digo me ha encantado?) como entrenador, pero hemos visto ya muchos partidos, durante muchos años. A Scotta, a Bertoni, a don Enrique Montero; pero también a Colusso, a Peirano o a Marinakis.

Sí, ya sé que en la temporada pasada nos metieron cinco en la primera parte, y que ahora tardaron ochenta minutos, el tiempo que dura un partido de rugby, en meternos uno, pero quienes mantenemos el circo del que viven ustedes, pagando abonos, televisiones y merchandaising hortera, nos merecemos una explicación, una autocrítica. Al menos un no lo vamos a hacer más, pero no una excusa, bastante chusca, por cierto. Si además, la explicación se la íbamos a comprar, hombre. Si vamos cuartos, si nosotros, a diferencia de ustedes, no podemos cambiar de equipo. Pero por eso mismo, no se ría de nosotros con excusas para tontos, porque estuvieron mal desde el principio hasta el final (noventa más el descuento) y acabo de rematar la tarde en la sala de prensa (¿minutos de la basura?).

Puedo llegar a comprender que como castellano que es, piense que el Real Madrid es lo más, y que no salir goleados es ya un éxito. Pero nosotros, el equipo cuyo banquillo ostenta, somos la periferia. Yonquis y gitanos de la ciudad con barrios más pobres de España, que algo tendrá que ver, digo yo, con que existan otras, en el centro y en otras periferias con idioma propio, que sean mucho más ricas. Sí, en España todos somos iguales ante la ley, pero no ante la pasta. Por tanto, no nos lo recuerde. Diga que ha fallado, que va a intentar no hacerlo más. No nos insinúe eso de qué más queréis, si sois un mojón como el sombrero de esos picaores que tanto admira.

El miércoles llega el Barcelona, el Gran Hermano de los merengues, el otro actor de esta obra de teatro llamada Liga en la que ambos simulan enemistad mientras se quedan con los cuartos de los que asistimos a la función. No sé si vamos a ganar, si pasaremos la ronda ante ese equipazo montado a costa de desmembrar a otros como el nuestro (como la vida misma). Sé que usted desea con toda su alma que el equipo dé el do de pecho y consiga un milagro que solo es posible en un deporte como el fútbol. Pero si no se da, solo le pido que lo que diga en la sala de prensa no me avergüence.

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