Una de las maravillas del fútbol, este deporte que tanto nos gusta, es que un error se paga caro. Las principales derrotas o las más absurdas pérdidas de puntos no necesitan un partido terrible, se pueden fraguar por un error. El caso es que la televisión y demás medios de comunicación han aprovechado esto y en lugar de darle su justa dimensión lo han corrompido y esta característica es manipulada… y no sólo en el fútbol. Habrán escuchado, por ejemplo, la recurrente “soy muy amigo de mis amigos”, una virtud de dudoso mérito, o “soy una persona auténtica”, que a veces empeora afirmando “soy yo mismo”.

Los medios repiten imbecilidades que incluyen faltas de ortografía. Habrán escuchado “¡eso que usted dice es incierto!” (Generalmente gritado por un tertuliano). Lo que ese “tertuliano” y quienes lo reproducen ignora es que “incierto” no significa “falso”, sino “dudoso”. O sea algo puede ser “cierto” (verdadero/ certero/ preciso) o “incierto” (dudoso/ puede ser verdadero o no/ impreciso). Pues ellos, y por la televisión, lo usan mal. Una vergüenza, y una pena. Habiendo tanta gente que si sabe hablar bien.

¿Esto afecta al fútbol? Sí, porque muchas veces se juega en función de la televisión. De ahí, por ejemplo, que se repita ante cualquier tanda de “penaltis” que es “una lotería”. Amigas y amigos, los penaltis no tienen casi nada de azar, dicen que el portero “adivina el palo”, ¿y qué?, ¿eso no pasa en un cuerpo a cuerpo? Un gran portero te puede atajar el penal a puro mérito, de bueno que es, y un buen jugador si patea bien es difícil que lo erre, y si patea mal es probable que sí. O sea, un penal es la suma de aciertos y errores, resultantes del mérito de dos jugadores de fútbol. Méritos y aciertos, errores y habilidades o limitaciones, nervios, sangre fría, cálculo y conocimientos del rival. Una ecuación rápida y compleja, en la que el azar tiene un valor, pero muy chiquito, como para decir que es quien lo determina.

Los relatores y muchos comentaristas juegan para la televisión. Y a veces muchos jugadores. Eso les lleva a hacer la idiotez esa de taparse la boca cuando hablan entre ellos (¿Qué se pueden estar diciendo que no debamos saber? ¿Un secreto de estado? ¿Qué son jugadores de fútbol o espías de la CIA?)

Otra que no soporto: un compañero te da un pase horrible, la cruza de lado a lado y apenas pones el pie casi te descalza o le pega en la ventana de la vecina del 4ºC. Uno mira a su compañero y en vez de decirle lo que decimos cuando jugamos (“Quillo, vaya pase más malo me has tirado”), lo aplaude. Lo aplaude o le levanta el pulgar, falta que lo felicite y le dé las gracias por perder un balón.

Cristiano Ronaldo, celebra un gol señalándose a sí mismo | Imagen: AFP
Cristiano Ronaldo, celebra un gol señalándose a sí mismo | Imagen: AFP

Pero hay otra peor, la más insoportable. Los que cuando meten un gol se señalan. No el escudo, ni saludan a sus compañeros, o su familia,  o un gesto que sea su marca. Se señalan como si ellos hubieran estado solos en la cancha y sus compañeros sean  meros espectadores de su habilidad.

El fútbol está lleno de gestos. Obsérvenlo con cuidado. Y de declaraciones a medias. El dinero lo ha convertido en eso, nosotros tenemos derecho a exigir que vuelva a ser un deporte colectivo. Donde lo que de verdad importa es ir perdiendo dos a cero, con un partido flojo y con errores, y lo sigan intentando una y otra vez. A veces no gana el mejor, pero a veces no darse por  vencido es lo único que importa. No jugamos para salir lindos por la televisión, jugamos para hacer lo que sea por ganar ese partido.

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