Mimbres y cestos

Mimbres y cestos

Desastre en Nervión
Machín, sobre el Atlético, Mateu Lahoz y los refuerzos
Pablo Machín, sobre el Krasnodar, la clasificación y las posibles repercusiones de la Junta

Mis amigos Jul y Gan están tan decepcionados con el equipo que han renunciado a participar en el artículo. Yo diría lo que dicen otros, que a nadie le gusta sustituir a un compañero lesionado, aunque esa lesión sea del ánimo, pero en el fondo me gusta, porque a nadie le agrada recibir órdenes. Hacer de negros de ellos, vaya, dicho sin ánimo de racismo, que luego me pilla Gnagnon y me da todo lo que no le dio a Jorge Molina y a Ángel. Porque vaya cómo nos dejó el ánimo el Getafe.

Qué dolor más grande, y eso que veníamos de otro que no fue moco de pavo. Ni siquiera hizo falta que a Roque Mesa le hicieran otra vez un Pau, ya se lo hizo el entrenador en el descanso para evitar males mayores. Recordando al vecino, mi amigo Jul fue a por la botella de aceite nada más llegar a casa. Menos mal que logré convencerle de que no era la mejor idea, en parte porque nuestro colindante aún se reponía de sus heridas, y también, todo hay que decirlo, porque no es bueno regresar al lugar del crimen, y menos con las mismas armas.

La Liga es larga, apenas ha comenzado, pero precisamente por eso comienzan a notarse las costuras del nuevo proyecto, que siempre parece estupendo hasta que pasa lo que pasa, y de la euforia pasamos a la tragedia sin apenas atravesar el mar de dudas, en el que apenas navegamos un cuarto de hora, el tiempo que tardó el Getafe en endiñarnos dos chicharitos. Y ahora nos sucede con los béticos como a las embarazadas, que nada más que vemos camisetas como las del vecino, esos sí, más modernas, porque la suya tiene que ser anterior a la marcha verde.

Hace falta tiempo. Hubo entrenadores con los que tuvimos paciencia y le dieron la vuelta a la tortilla, porque había huevos para hacerla, dicho en las diversas acepciones de la palabra. Ahora no lo sabemos y, como dice una famosa adivina del futuro, el tiempo nos dirá si ello será factible. Como dice Simeone, otro que no ha comenzado la temporada con buen pie, mejor darse cuenta de lo que pasa al principio que más tarde, cuando ya no tiene solución. Pero hay que dárselas, claro. En una batalla las heridas son posibles, y por eso, muy importante es saber curarlas. Y las preguntas que surgen son varias:

¿Hay mimbres para el cesto? ¿Hay que rediseñar el cesto porque los mimbres son otros?

En cuanto a la primera pregunta, parece que los mimbres que se requerían no llegaron, y todo apunta además, y ahí va la posible respuesta a la segunda, que el fabricante solo sabe hacer un tipo de cesto, así que el arreglo puede ser bastante caro y probablemente tardío, porque habrá que comprar más mimbres y eso no podrá ser hasta enero.

Cuando la derrota llega me interesa mucho el análisis que se hace de la misma, el diagnóstico por parte de quien debe aplicar el tratamiento. Con todo lo que me decepcionó, nos decepcionó a todos los de mi casa, el ridículo que se hizo en Nervión, creo que la depresión fue aún mayor tras el partido, en la sala de prensa, cuando la conclusión a las que llegaba nuestro entrenador fue que la pelotita no había querido entrar. Vamos, que la pelotita le tiene manía a Nolito, por citar a uno a la que el esférico parece tenerle inquina crónica.

Si la pelotita le llega a querer entrar al modesto y ordenado equipo madrileño nos mete cinco y solo en la primera parte. Que la pelotita quiera o no quiera entrar es la excusa del que no quiere cambiar la forma de jugar, o, y ojalá sea así, del que tiene una fe desmedida en el sistema y en sus jugadores y más pronto que tarde tendrá los huevos necesarios para la tortilla.

El jueves tendremos más información con el partido frente al Standard, en el que continuaremos con nuestro sistema estándar y ojalá no se parezca en nada a lo que vimos el domingo. Como dice mi adivina favorita, el tiempo nos lo dirá.





COMMENTS

WORDPRESS: 0