Mensaje en una botella

Mensaje en una botella

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Trescientos sesenta y cinco días después, cincuenta y dos julyganes más tarde, parece que es buen momento para hacer balance. En lo deportivo, el año comenzó convulso, con cambios de entrenadores y la pérdida de la identidad de lucha y determinación que nos ha hecho grandes en Europa. Aun así, llegamos a la final de la Copa del Rey, en la que hicimos un ridículo mayúsculo difícil de olvidar, a cuartos de final en la Champions y, a última hora, in extremis, conseguimos una clasificación para la Europa League que nos ha obligado a múltiples eliminatorias.

Llegó el verano y todo cambió. La mano de Caparrós, salvadora para conseguir en primavera la enésima clasificación europea en lo que va de siglo y, sobre todo, la de Pablo Machín, han cambiado la cara del equipo, que ha recuperado su espíritu de lucha hasta en la derrota, haciendo digno y real el lema que dice que nuestro Sevilla nunca se rinde.

Mirando a los últimos tacos de almanaque pasados, Jul recuerda con especial cariño la victoria frente al Real Madrid, aunque se cabrea cada vez que le vienen a la memoria los titulares de la prensa de la capital de la metrópoli, que ignora los méritos de los equipos de sus colonias y cree que la única posibilidad de derrota es el fallo de sus conquistadores.

Sin embargo, Gan, más melancólico, hombre otoñal por excelencia, destaca los empates ante Alavés o Leganés, perdonen la cacofonía de tanto equipo acabado en es, e incluso no olvida la derrota por cuatro a dos frente al Barcelona, porque estaba muy preocupado con la desmoralización en la que estaban sumidos los jugadores la pasada temporada y ahora está que no cabe con la garra y dignidad de los que llevan nuestro escudo en el pecho.

Mientras conversábamos sobre el año sevillista la tarde del treinta y uno de diciembre, recibimos un WhatsApp con la felicitación de una amiga venezolana. Nos contaba que todos los años por esta fecha abre un bote de cristal en el que a lo largo del año ha ido introduciendo papeles en los que ha puesto palabras a los momentos buenos, inolvidables que ha vivido. El treinta y uno relee cada papel, rememora la felicidad vivida y comienza de nuevo a completar el frasco. Los sevillistas tenemos muchos momentos buenos para recordar y ojalá llenemos nuestro envase en 2019, y por qué no, con algún otro título. Y si es de los grandes, mejor que mejor.

Este año nos vamos a regalar los tres un buen bote de cristal. Íbamos a comprarlo en un chino, pero lo vamos a buscar en otro sitio, no vaya a ser que el dueño sea de los que se quieren quedar con nuestro Sevilla. Por un momento pensamos comprarle otro, a nuestro vecino bético, en señal de buena voluntad. Más pequeño, por supuesto, porque tampoco va a tener que meter muchos papeles el pobre, pero desistimos al instante, y no porque le deseemos nada malo, que claro que se lo deseamos, sino porque con este rollo de la posesión que tanto les obsesiona a los suyos, nos iba a dejar sin ninguno y se los iba a quedar todos para él.

Ojalá que al final de 2019 podamos abrir el recipiente y encontremos con el papel que nos recuerda que ganamos la sexta Europa League, la sexta Copa, y, por qué no la segunda Supercopa de Europa o de España. Y, puestos a soñar, que es gratis, y desear es lo primero que hay que hacer antes de obtener, una segunda Liga. Ojalá exista otro papel que diga que Sarabia se quedó, y otro en el que hayamos escrito que el Sevilla no es de los chinos ni de los gringos, que sigue siendo de sevillistas, los que viven en sus barrios y de sus pueblos.

Y puestos a pensar, y a soñar, soñemos con que de ese frasco de cristal sale el papel que cuenta que por fin la liga es igual para todos y no solo para tres, que no hay que partir de cero cada año a causa de la demolición y arrasamiento al que cada año nos someten quienes se quedan con el dinero de la competición. Uno que nos diga que la liga ahora se parece cada vez más a la NBA en lugar de a un partido infantil en el que solo pueden ganar los dueños de la pelota.

Queridos sevillistas, hagan como nosotros y cómprense un frasco en el que introducir los buenos momentos vividos por nuestro equipo, y también, por supuesto, los instantes felices que la vida nos regala. Y que el año que viene por estas fechas podamos sonreír, y seguir soñando. Feliz 2019.

Dedicado a Magaly Pedrique.





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