Las crónicas de José Balero, un periodista sincero | Episodio 8

Las crónicas de José Balero, un periodista sincero | Episodio 8

Llega Machín y con él las estrategias al Sevilla FC
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No hay duda. Fue penal y el final del derbi (lo de “Gran” lo dejaremos para otra ocasión) hubiera sido otro que nunca sabremos. Porque el fútbol es así. A los reaccionarios del VAR, que tanto les preocupaba, le digo: “duerman tranquilos”, las injusticias seguirán intactas. Pero como detesto a los periodistas llorones, no voy a decir más nada, porque hay otro tema muy superior, que tiene que ver con nosotros. La gran pregunta es,  ¿por qué?… ¿Por qué dejamos ya cinco puntos (cuento el empate con el Villarreal) que deberían ser nuestros? Después diremos que contra los altos presupuestos no se puede. Nos veremos festejando como si fuera un campeonato ganarle al Barcelona ¿Les suena? ¿No les parece exagerado el festejo de nuestros vecinos? Pongamos que le ganamos al Madrid ¿saben cuántos puntos nos da esa victoria?, tres. Los mismos tres que acabamos de dejar por el camino. Y dirán “hombre pero ¿y lo psicológico, y la satisfacción?”  Pues no conozco ese trofeo, cuando sea posible levantar la copa de la satisfacción, quizás me importe. Pero teníamos una pregunta: ¿por qué? ¿Por qué le jugamos a la contra a un equipo que no es superior a nosotros? ¿Porque éramos visitantes? Entonces ¿cómo le jugaremos a los que son mejores? ¿Por qué no quitamos a jugadores que tenían  tarjetas amarillas y estaban evidentemente “sobre girados”? El camino fácil es pensar que es culpa del técnico. Tengo una mala noticia. Es culpa nuestra. Sí señor. Suya y mía. Esa misma ansiedad que nos hace sentir que perdimos algo más que tres puntos o que nos vende la ilusión de que ganarle a un “grande” vale más que eso. Esa política de comprar barato y vender caro. El desmantelamiento de cada año. ¿Saben que faltaba en estos partidos? Líderes, referentes dentro de la cancha. Esa voz que te dice “tío ¿qué te pasa?, ¿te puedes calmar y usar la cabeza?”. Banega lo hizo cuando finalizó el partido, y quizás realizó algún gesto durante el mismo. Sarabia estaba usando toda su energía en estar lo más enfadado posible. Y mi estimado Roque Mesa, supe que si no lo cambiaban no terminaba ese partido, al igual que Mercado o Silva. Y como el fútbol está lleno de gestos ¿por qué no entra  Ben Yedder? ¿No queríamos meter un gol o qué pasaba?

Supongamos que inspirado por el partido del Levante, Machín haya ido a ganar a la contra. ¿Por qué no jugamos a eso? Porque tengamos claro que lo que teníamos allí, no tenía la más mínima posibilidad de contragolpe.

Les decía que era nuestra culpa y sobre esa idea me gustaría reflexionar. Creo que hemos comprado el discurso oficial tanto como nuestros vecinos. Quizás a ellos les juega a favor que tienen un referente claro dentro del vestuario y que trabaja para su causa personal y la necesidad de su propia leyenda. Lo sabe (o lo intuye) y por el perfil que ha elegido, los medios lo alimentarán. Es una ventaja, el fútbol también es psicológico. Es la única, porque si nosotros jugamos mal, ellos tienen menos fútbol que la segunda división de Groenlandia. Pero no es que hayamos perdido uno a cero, o nos hayan robado un penal, es que no les hicimos tres goles, ni siquiera recuerdo ocasiones claras.

Nosotros, solo nosotros, llegamos a un derbi, concentrados en los fichajes, con una calculadora en la mano, frustrados, permitiendo que nos pongan delante zanahorias de jugadores que no están, ni estarán. Incluso mirando a los que sí están con cierto desdén. Hemos comprado la idea de que los fichajes lo son todo. Ya ven que no. Tenemos mejor plantilla que equipos a los que no podemos vencer con solvencia.

Un último apunte periodístico. Suele suceder que lo que pasa en la cancha, pasa en los vestuarios, y eso mismo pasa en la directiva. En este equipo parece que nadie conoce a nadie, somos una hermandad pero no por la unión (imposible entre gente que recién se está conociendo), sino por las capuchas. No nos vemos las caras.

Tengo grabadas las expresiones de enfado del equipo, durante el partido, con 0-0, cuando toda la presión era para ellos que hacía 12 años que no podían ganarnos, los miraba y decía ¿qué les pasa? ¿Y si usan esa rabia para jugar al fútbol como ellos saben? Esto recién comienza. Vendrán tiempos de revancha pero sobre todo tiene que llegar la voz que nos haga dejar atrás este día triste, en que decidimos ser lo que otros quieren que seamos.





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