Fue en el transcurso de 2017 cuando saltó la noticia de que Ramón Rodríguez Verdejo “Monchi”, director deportivo del Sevilla, abandonaría el club a final de temporada para incorporarse a la Roma. La noticia fue todo un jarro de agua fría para la afición, que veía en su director deportivo un talismán eterno. Tocaba pues confiar en el resto del equipo y en Óscar Arias, recomendado personalmente por Monchi para sustituirlo en el puesto. Sin embargo, desde que Monchi se fue ya han pasado cuatro entrenadores en un año y ningún fichaje despunta.

Grandes desengaños

Tras la marcha de Sampaoli a Argentina para incorporarse como seleccionador nacional, la principal operación era conseguir un nuevo entrenador que volviera a completar una campaña como la anterior. Eduardo Berizzo fue el hombre elegido para el puesto y en el que Arias, junto con gran parte del sevillismo, depositó su confianza. Sus buenas campañas con el Celta de Vigo le valieron el buen recibimiento del Pizjuán, viendo en el “Toto” un líder con el que seguir creciendo. Sin embargo nada salió como se esperaba. La llegada de Montella como salvador de una temporada que se iba por la borda volvía a poner a prueba la eficiencia de la dirección deportiva. Era la oportunidad de resarcirse del error de Berizzo. El resto es historia conocida. A pesar de superar rondas eliminatorias contra equipos de la talla del Atlético de Madrid o Manchester United y encajarse en la final de la Copa del Rey y cuartos de Champion, el italiano no supo cuajar una buena segunda vuelta. La falta total de nivel para dirigir el banquillo sevillista ponía a la vez en evidencia la falta total de acierto de la dirección deportiva, y una vez más el fracaso apuntó directamente a Arias. Tal y como se esperaba, aquello de “esto con Monchi no habría pasado” empezó a sonar con fuerza entre la hinchada hispalense. La misión de hacer olvidar a Emery y Sampaoli se vio totalmente fallida.

Nada salió bien

Mirando hacia la parcela de los nuevos fichajes no hubo mejor suerte. Diez fueron las nuevas incorporaciones de la pasada campaña, entre las que destacaron las llegadas de jugadores como Nolito, Jesús Navas, Banega y Muriel. La ilusión del sevillismo se palpaba en el ambiente, pero el devenir de la temporada se encargaría de tornar la ilusión en decepción. Al nivel a veces irreconocible de jugadores como Navas, Nolito y Banega se sumó el fracaso absoluto en otros muchos fichajes como Pizarro, Corchia, Arana y sesiones como Sandro o Layún. Para colmo, el fichaje más caro de la historia, el gran goleador ofrecido al coliseo sevillista, no anotó más de nueve goles en toda la temporada entre todas las competiciones. Todo un desastre.

En resumen, la realidad del Sevilla a día de hoy es que, desde que Monchi se marchara a la capital italiana, nadie ha triunfado, ni entrenadores, ni futbolistas ni el director deportivo, que terminó siendo cesado. Con la llegada de Caparrós para tomar las riendas de la dirección deportiva todo parecía haberse calmado, pero con las últimas actuaciones del equipo y la sombra del fracaso rondando por Nervión, la crispación vuelve a tomar fuerza.

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