Jugar en La Hamada

Jugar en La Hamada

Para que la ilusión no se pierda en este mar de arena y piedra.

 

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Este es el comienzo de una historia solidaria. Parte desde Andalucía, tierra de fusión entre culturas y pueblos, hacia los campos de refugiados saharauis, un pueblo partido por las injusticias y el desierto más árido y pedregoso del mundo. Un relato que dibuja un proyecto promovido por la ilusión, las sonrisas inocentes y  los pies descalzos, pero antes de seguir pongámonos en situación.

El Sahara occidental fue antigua colonia española hasta 1975, año en el que Marruecos invadió el territorio saharaui. Desde entonces, miles de personas viven exiliados en los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), en La Hamada, una de las  zonas más inhóspitas del planeta (desierto del Sahara). En verano se superan los 50º a la sombra y en invierno el frío llega a congelar. De esta población, la mayor parte son niños que, además de estudiar, pasan los días jugando a lo que más les gusta, el fútbol. Supone para ellos una vía de escape y entretenimiento.

España siempre tuvo un fuerte vínculo con el pueblo saharaui, tanto que el segundo idioma para los saharauis es el castellano. De hecho, cada año miles de familias españolas acogen a niños saharauis durante el verano. Se trata de un excepcional programa llamado Vacaciones en Paz, que no solo saca a estos niños de este lugar más parecido al infierno que a otra cosa, sino que además los convierte en uno más de cada familia española que acoge. Uno de esos niños tuvo la oportunidad de quedarse en España y de su mano surgió el proyecto Jugar En La Hamada. Está orientado al deporte y, en especial, al deporte rey, el fútbol.

“Mi mayor sueño es compartir mi suerte con aquellos niños que no tuvieron la oportunidad que yo tuve”.

Este deporte puede tener diferentes connotaciones, pero lo cierto es que en lugares como este su función catártica es total. Contribuye a que niños y niñas canalicen su difícil vida a través del juego. No tienen casi nada, pero para jugar al fútbol no hace falta más que un balón y unos cuantos pies pateando.

Es fácil observar como cada día y a la misma hora niños de diferentes edades colocan las porterías, formadas por dos grandes piedras, y desde ese preciso instante da comienzo el partido. Unos cuantos pies descalzos juegan alegremente con la pelota. Nada les detiene, ni los viejos Land Rovers cruzando por medio de las explanadas, ni rebaños de cabras o algún camello rezagado. Ni tan siquiera tormentas de arena (siroco) que se llevan el balón al otro lado del poblado.

 

 

El proyecto consiste en la creación de una escuela deportiva con vestuarios, un campo de futbol, pistas polideportivas, pista de atletismo, etc. Una completa escuela donde podrán iniciarse, formarse en el deporte y, además, adquirir valores que les ayuden a afrontar las adversidades que el destino les tiene preparados en la Hamada. Todo de la mano de monitores que también serán formados a través del modelo referente español. El proyecto ya ha dado sus primeros pasos de la mano del Sevilla FC, del Real Betis Balompié y de la Federación Andaluza de Fútbol, trasladando material deportivo a la zona. Allí se organizó un derbi sevillano inédito y, cuanto menos, curioso. El encuentro fue filmado por El Día Después.  

Los que tienen la desdicha de nacer en los campamentos cuentan con dificultades para desarrollarse tanto personal, como profesionalmente. A la falta de recursos se le une un pensamiento pesimista que poco les ayuda. Allí, la infancia es una etapa muy difícil e injusta, carente de oportunidades y, de lo que es aún peor, de algo que ningún niño debería verse privado jamás: ilusión. Si pretendemos mirar al futuro con optimismo, es imprescindible cuidar a los niños. Qué mejor manera que hacerlo a través del deporte. El deporte no es un objetivo en sí, sino un medio para intentar que todos los niños saharauis no pierdan la ilusión y encuentren la energía suficiente para conseguir un futuro más digno y próspero.

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