Llegamos a las afueras de Montevideo. Una familia de amigos en común había sido la llave de acceso. Hace mucho tiempo que Inti Podestá no atiende a los medios, quizás el suficiente para que ellos no acudan a incordiarlo. Pero allí estábamos, con dos objetivos. Primero, regalarle el libro “El Derbi Final”, porque lo menciono en mi cuento “La maldición de Bengoechea”, y segundo, más importante, recordarle lo mucho que lo quería la afición de Sevilla F.C. Confieso un tercer objetivo secreto, quería hacerle una  entrevista. Pero no estaba dispuesto a incomodarlo, máxime teniendo en cuenta la generosidad de abrirme su casa. Su gente me había dicho que era un poco ermitaño. Ese punto entre tímido, introvertido y reservado que tanto le hace falta a mucha gente que habla sin pensar.

Un periodista amigo me contó que suele ir al estadio con una camiseta que dice “Podestá”, por eso me rebelaba ante la idea de que su historia se pudiera resumir en unas pocas líneas en Wikipedia:

“Comenzó su carrera en 1996 jugando para el Danubio FC. Jugó para el club hasta 1999. En ese año se fue a España para integrar el plantel de Sevilla FC. Jugó hasta 2004, cuando decidió retirarse definitivamente del fútbol profesional, a raíz de una rebelde lesión en la rodilla”.

También encontré notas a los diez años de su retiro, cuando se cumplieron quince de su gol para el ascenso a primera e incluso hablando de Cristóforo y sus similitudes como centrocampistas. Pero el fútbol, ese deporte que amamos, también encierra historias tristes. Aún en las victorias.

El caso es que, rodeados por su familia, sucedió lo que es previsible cuando se juntan dos “sevillanos” lejos de Sevilla, nos pusimos a hablar de lo mucho que nos gustaba la ciudad. El tercer objetivo fue inevitable. Grabamos una entrevista para “La Colina Radio Show”. Algo breve, casi simbólico, cuyo real objetivo era hacer el contacto entre un jugador importante para nuestro amado equipo y viceversa, porque para Inti el Sevilla fue el club por el que se dejó las piernas, de forma literal ya que apenas puede jugar a la pelota con sus hijos sin que su rodilla se inflame. Tuvo que dejar de jugar demasiado joven, pero tiene cierto encanto ver las botellas de “Villa de Olivar”, su aceite de oliva. Inti pasó por Sevilla y Sevilla pasó por él. Eso es lo que le pedimos a nuestros jugadores.

En la pantalla del comedor se veía (sin sonido) un partido de fútbol argentino. La estufa a leña calmaba el húmedo invierno uruguayo. El resto de la conversación giró en torno a las ganas de volver. En ese viaje me contó anécdotas muy divertidas de aquellos años y de aquel equipo. Por lo visto, en el vestuario era recurrente la broma sobre su poca afinidad con las ruedas de prensa. Me causó especial impacto que haya convivido tantos partidos con el dolor y su lucha contra él. Sin duda hay que revisar algunas claves del fútbol moderno. Inti me contó que un día llegó un jugador moreno no demasiado alto, por un instante le llamó la atención su delgadez. Hasta que tomó el balón de afuera del área y la clavó en un ángulo. Así varias veces, ante su mirada y la de Monchi (que sonreía satisfecho). Enseguida supo que Dani Alves también iba a ser un jugador importante.

Inti aún se mueve como un centrocampista. Observa, levanta la mirada y no te da un pase si no estás bien parado. Con un breve comentario demuestra que sabe de fútbol. Cuando habla de sensaciones en el campo no se detiene en goles o festejos. “Entrar a Nervión y sentir rugir esas tribunas. No hay nada igual”, dice sonriendo.

Aquí, el corte de la entrevista para La Colina Radio Show.

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