El lunes, mientras media España se deprimía por la vuelta al trabajo y la otra media por la falta del mismo, a mí me dio por pensar. Le daba vueltas a si la estrategia de modificar los accesos a Gol Sur había sido cosa del presidente, para mayor comodidad de socios, abonados y simpatizantes, o se trataba de un ardid de Lopetegui para dificultar el ataque al equipo rival… Cosas de los lunes, ya ven. Se me pasó pronto y enseguida volví a Twitter, que es donde mejor se está cuando no se quiere pensar. Y allí descubrí que ese día era el cumpleaños de Kanouté (¡Feliz Año Nuevo, crack!) Y aquel tuit me llevó a un recuerdo no muy lejano.

Fue una escena que presencié allá por 2010 en los alrededores del Sánchez Pizjuán. Una pareja de chavales, de no más de diecisiete años, discutía frente a la tienda oficial del Club. Él había estado currando como un esclavo en un establecimiento hostelero de esos de comida rápida y/o basura, cuyo nombre no diré por no hacerle publicidad a Burger King, para ahorrar dinero y poder comprarse una camiseta de Kanouté con su correspondiente 13 a la espalda. Y ella:

—Que te estás colando, que Kanouté tiene el 12…

—¡Anda ya el 12! Qué sabrás tú de fútbol. Tiene el 13, porque es el mejor y el 13 es el número de la buena suerte.

Y ella, con una paciencia que dejaría a la del santo Job como un producto del Aliexpress ese, insistiendo:

—Es el 12. El 13, si lo juntas con el martes, es el día de la mala suerte. Y para los americanos, si lo juntas con el viernes, es señal de terror y de historias de miedo.

—¿Los americanos? ¿Y ellos qué saben de fútbol? Nada, lo mismo que tú…

Y ella de nuevo, con un amor por su chico sólo comparable con el que ha venido demostrando Monchi por la puerta de Llegadas del aeropuerto de Sevilla, insistiendo más:

—El 13, normalmente, lo lleva el segundo portero. Y ahora lo tiene Javi Varas…

—¿Kanouté segundo portero? ¿Ves cómo no tienes ni idea de fútbol?…

Esta escena, que es real, finalizó con la pareja entrando a la tienda oficial, acercándose al mostrador de serigrafiado, hablando con el encargado y éste haciendo su trabajo de manera profesional bajo la elegante presencia de una camiseta de Kanouté colgada del techo, junto a otras, y con su flamante 12 a la espalda.

Traigo esto a colación por los insistentes comentarios que vengo leyendo desde la pretemporada, incluidos los del vecino Machuca, alabando las buenas maneras, por no decir genialidades, de un tal Joan Jordán. No es poco lo bueno que de él se dice: que si tiene una visión de juego extraordinaria, que si habla estupendamente en las ruedas de prensa y en las entrevistas, diciendo lo que hay que decir con las palabras exactas, que eso es madera de líder y que puede hacer una gran labor como creador de grupo y aglutinador de sensibilidades… Y, por si no fuera suficiente, ayer mismo publica el ABC unas declaraciones del director del CIES Football Observatory, Raffaele Poli, en las que revela que el valor de mercado del jugador ha subido de 9 a 30 millones en dos meses. Y que irá a más…

Todo eso me recuerda a otro grandísimo jugador, ya leyenda, que jugaba en Estados Unidos al baloncesto (qué sabrán los americanos de fútbol, ¿no?) y que también se apellidaba Jordan. Él lucía en su camiseta el dorsal 23. Nuestro Jordán luce el 24…

Por lo que pueda pasar con nuestro jugador de aquí en adelante, si al final resulta que todos estos elogios y vaticinios estadísticos se convierten en realidad y acaba siendo una leyenda como Kanouté, ya que ha quedado claro que los americanos no saben de fútbol, y para evitar nuevas confusiones como la del pobre chaval del inicio de este artículo…

¿A ti te importaría cambiarte el dorsal, Reguilón querido?…

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