En pleno siglo XXI, la igualdad debería ser considerada como algo deseable y, cuanto menos, necesario. Nada más lejos de la realidad. Lo nuevo, ahora, es ridiculizar a quien reivindica sus derechos. Para ello, las redes sociales se han convertido en una batalla campal donde entran en juego realidad, eufemismo, ‘fake news’, oportunistas, gente con sentido crítico y gente que se traga todo lo que recibe como si de un vaso de agua se tratara. El panorama es desolador: la desinformación termina ganando la batalla y la ignorancia termina gritando más fuerte si cabe.

En pleno siglo XXI, pervive una lacra llamada machismo apoyada en el orgullo herido de algunos machitos alarmados y la falta de perspectiva y conciencia de género de algunas mujeres. En la socialización, la cultura machista lo ha impregnado todo y deconstruirse no es tarea fácil.

En pleno siglo XXI, hay machismo. Un machismo salvaje que también vive en las redes sociales. Se alimenta, en parte, de ellas. En todas las esferas, en todas las capas, existe. Puede verse más o menos, pueden ser ‘micro’ o no, pero lo hay. En el deporte, también, y en el fútbol… más todavía. La mujer ha tenido que ir ascendiendo en el deporte rey por sí misma prácticamente. No lo digo yo, lo dice Laura Torvisco, exfutbolista, exentrenadora del Rayo Vallecano y actual directora deportiva de fútbol femenino en la Real Federación de Fútbol de Madrid, en un informe del gran Robinson: “Fútbol y femenino” de 2015, más que recomendable.

En pleno siglo XXI, en España, muchas jugadoras empezaron su carrera deportiva sin referencias de otras mujeres que hubieran triunfado en el balompié, sin saber siquiera que existían equipos de fútbol femenino… como Alicia Pérez, jugadora del Zaragoza y excapitana del Híspalis.

En pleno siglo XXI, en España, hay jugadoras de élite que no pueden aún vivir del fútbol. Tienen que tener un trabajo aparte o estudiar, conscientes de que el fútbol no les va a resolver la vida. El no poder descansar al mismo ritmo que sus homólogos masculinos es un problema que puede afectar, además, al rendimiento, tanto en el verde como fuera de él.

En pleno siglo XXI, en España, hay jugadoras de la selección absoluta que han tenido que dejar su pasión para trabajar, terminar sus carreras y poder vivir. Como puede ser ejemplo el caso de una Natalia Pablos que abandonó el fútbol, selección absoluta incluida, durante dos años. Por suerte para aficionados de este hermoso deporte, Natalia volvió más fuerte y pudo regalarnos grandes momentos.

En pleno siglo XXI, en España, los insultos sexistas se siguen escuchando en el terreno de juego. No solo a jugadoras, también al cuerpo técnico. Se siguen escuchando frases como: “Vete a fregar” o “El fútbol femenino ni es fútbol, ni es femenino”. En definitiva, se sigue infravalorando el papel de la mujer en el deporte rey, solo por ser mujer.

En pleno siglo XXI, en España, grandes jugadoras como Vero Boquete tuvieron que marcharse del país -también la mencionada Natalia Pablos lo hizo- para poder vivir de lo que querían. La propia Boquete reconoció en el mencionado Informe Robinson que no quería volver a España porque la sociedad aún no estaba preparada para este deporte y no podía disfrutarlo como tal.

En pleno siglo XXI existen jugadoras que tienen que seguir luchando por la profesionalización del fútbol femenino, que ven vulnerados sus derechos como deportistas con situaciones irregulares y relegadas al amateurismo por el simple hecho de ser mujeres, como es el caso de Macarena Sánchez Jeanney. Esta futbolista argentina, debido a su lucha por la igualdad en el fútbol y la no discriminación en base al género en este deporte en Argentina, se ha visto sometida a multitud de insultos, agravios e, incluso, amenazas a su integridad física.

Está claro que en pleno siglo XXI se está avanzando, pero en gerundio. Ya no suelen darse casos como los de Mar Prieto, que tenía que escaparse de casa a hurtadillas para que sus padres no vieran que se iba a entrenar. Esta es una de las jugadoras más importantes en la historia del fútbol femenino español, ganadora de ligas, exjugadora de la selección absoluta, etc., que, una vez terminada su etapa como futbolista no tuvo la vida resuelta y tuvo que continuar con su trabajo de repartidora, un trabajo que sí pudo compaginar con su pasión: el fútbol -esto último sí que se ha dado en el siglo XXI-. Tampoco suele ser habitual en este nuevo siglo que existan jugadoras que tengan que pedir a sus compañeras que laven y escondan sus equipaciones de fútbol para que en casa no se dieran cuenta.

El palmarés de Marta Vieira da Silva es tan amplio, como duros fueron sus inicios. La brasileña, con 14 años, tuvo que dejar a su familia para poder dedicarse al fútbol. Y con 17 ya estaba en Suecia, en uno de los lugares donde mayor reconocimiento se ha ganado el fútbol femenino. Las cosas han mejorado, pero aún queda un amplio trecho por delante. La sociedad tiene que aprender y tiene que seguir avanzando en cuanto a su mentalidad. Los medios, o los profesionales de la comunicación, tenemos que acompañarlas.

Cuando deje de percibirse como diferente que a un niño lo regatee una niña a que lo haga un niño, cuando dejen de escucharse insultos discriminatorios a las mujeres y niñas que quieran dedicarse a este deporte (y a cualquiera en general); cuando deje de ser noticia que se abra un estadio y, más aún, que hay aforo completo; cuando la situación de las jugadoras de primera división sea 100% profesional; cuando no sea necesario el adjetivo “femenino” porque al hablar de fútbol se tiene interiorizado que se habla del masculino; cuando las árbitras puedan hacer su trabajo sin que las manden a fregar; cuando todas las niñas tengan referentes en el mundo del fútbol; cuando todos los equipos de la Liga Iberdrola pongan a la venta las equipaciones de sus equipos; cuando dejen de ser relegadas a campos secundarios, etc.; quizás entonces podamos decir que se ha conseguido la igualdad.

Se ha avanzado mucho recorrido, pero no puede limitarse a que un partido se haya televisado o a que un encuentro se ha disputado en un gran estadio. Hay que ser más exigentes. El fútbol está en la obligación de devolverles a ellas los frutos de años y años de trabajo, esfuerzos y sacrificios. Este 8-M, las futbolistas y deportistas tienen mucho que reivindicar.

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