Habemus entrenador

Habemus entrenador

Machín, sobre el pase, las protestas de la afición y el sorteo
Machín, sobre Silva, Gonalons y Vidal; los posibles fichajes de Iborra y Calero y… el ‘escape room’ sevillista
Pablo Machín, sobre el empate ante el Alavés, la superioridad en la segunda parte y el nivel físico del equipo

Puede parecer un espejismo, pero la victoria ante el Újpest del pasado jueves nos ha tranquilizado a muchos y parece que las aguas han dejado de desbordarse, al menos en el plano deportivo. Por qué ha pasado esto, si el nivel del contrario daría para mantenerse con dificultades en nuestra segunda división, y más si jugaron una hora con un futbolista menos. Muy sencillo, porque sobre el campo se vio un equipo, un conjunto, algo que durante la pasada temporada únicamente apareció en los últimos partidos, cuando Caparrós nos sacó del pozo ítalo- argentino en el que nos habían metido y casi nos ahogamos.
Como opiné en mis Crónicas Rusas, el campeonato del mundo ha tenido que ver mucho con el concepto de equipo, con el grupo como medio para llegar lejos, y en el Sánchez Pizjuán se vio un grupo que sabía a lo que jugaba. Un grupo en el que sí podíamos reconocernos los sevillistas, que nos podrá llevar más lejos o no, con el que ganaremos o perderemos, pero que nos dejará con la cabeza alta siempre. “Dicen que nunca se rinde” puede volver a aparecer en las vallas de nuestro estadio sin que nos mueva a sonrojo.

Sí, ha sido solo un partido. En un partido se puede ganar por cuatro o por seis, perder por tres, y podría no ser más que una anécdota. Un resultado siempre es una anécdota más o menos feliz en función de los colores de cada cual. Lo que nunca lo será es el medio por el que se consigue ese resultado, la actitud de un equipo, su capacidad de lucha y solidaridad. Y parece que ese señor humilde que se emocionó en el banquillo al escuchar el himno del Arrebato aun siendo de Soria, ese entrenador que parecía de perfil bajo, de poca experiencia en primera, está logrando que los jugadores crean en él. Y algo tendrá un tipo así, sin mucho currículum, cuando todavía no le avalan los resultados, para que el grupo se haya conjurado con la idea.

Admito que puede ser temeraria mi opinión, que tiene sus riesgos, puesto que muchos de esos futbolistas que participaban querrían ganarse una camiseta que pueden abandonar en cuanto fructifiquen los fichajes que están al caer, y que esa lucha por no salir fuera la causa del esfuerzo que hicieron cuando ni siquiera habíamos llegado al mes de agosto. Pero no lo creo, ahí abajo se respiraba de una forma muy diferente a cuando dirigía el equipo el que para mí ha sido el peor entrenador que he visto en el banquillo del Sevilla, y mira que llevo años viendo al equipo. Me refiero a Montella. Nada que ver.

Por eso, ya no estoy tan preocupado con los fichajes y las salidas del equipo. Si acaso me preocupan más las salidas, pero no de las grandes estrellas que saldrán a estrellarse, sino las que me tocan el corazón, la de futbolistas que lo han dado todo por nuestra camiseta y que quizás no vayan a tener sitio entre nosotros. ¿O no tuvo vergüenza y dignidad nuestra defensa el pasado jueves, por mucho que la delantera visitante fuera tan pobre?

Tengo que reconocer que el Sevilla que vi durante el primer partido de penitencia por los hechos acaecidos durante la pasada temporada me ilusionó. No sé si jugaremos la Champions, si alcanzaremos el puesto que la Liga nos concede de limosna a los que no formamos parte del centro del mundo y de su disidencia. Pero tengo la sensación de que este año los disgustos no vendrán del césped. Si acaso, y ojalá que no, de las moquetas. I hope I won’t have to write my next entries at La Colina de Nervión in English.
Quizás sea muy iluso, quién sabe, pero creo que el Sevilla ha vuelto. A nada que fragüen los fichajes y que se apaguen los ruidos de sables que amenazan la planta noble, los sevillistas volveremos a estar contentos. Porque habemus entrenador. #YoSoydePabloMachin. ¿Y tú?





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