El año nuevo llegó a Nervión en forma de espectáculo de altura, enfrentando en un duelo de titanes a Sevilla y Atlético de Madrid. Como de titanes iba la cosa, Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente le regalaron al sevillismo la llegada imperial de uno de sus gigantes: Gnagnon. Sí, llegada y no vuelta. Y es que aunque llegar, lo que se dice llegar, llegó en verano, la pura verdad es que Gnagnon no terminaba de estar. Por suerte para los parroquianos rojiblancos, el francés se ha tomado a pecho aquello de año nuevo, vida nueva, deslumbrando a todo un Sánchez-Pizjuán con una vuelta de vacaciones a la altura de los grandes jugadores.

Sin mirar atrás

Sin duda resulta curioso observar cómo el rendimiento de Gnagnon durante el partido del pasado domingo ha sido algo parecido a una franja de color en mitad de una escala de grises. En efecto, si miramos atrás, no se puede decir que el nivel que alcanzó el francés fuese fruto de una progresión favorable y esperable. Tanto es así que aquel desafortunado pase a Vaclik, con susto incluido, hizo pensar que el central volvería a deleitar con otro de esos partidos mediocres. Nada más lejos de la realidad, Gnagnon supo evadirse de todo lo ocurrido hasta la fecha y demostrar que su trabajo en los entrenamientos y su personal puesta a punto no iba a ser baldía, dejando claro que también él puede ser un jugador de esos que necesita Nervión para las grandes citas.

Llegar para quedarse

Con la renovación de Mercado estancada y con Kjaer en el banquillo hasta que su recuperación sea total, Gnagnon era una de las poquísimas opciones de Machín para cubrir el puesto vacante. El zaguero galo, lejos de achantarse ante la importancia del encuentro y la talla del rival, supo cuajar un partido casi impecable, tanto que la grada terminó rindiéndose al jugador y coreando su nombre al ser sustituido en los últimos compases del lance. Su actuación no fue para menos. Su solidez defensiva y su anticipación perfectamente medida fueron algunas de las claves para desbaratar muchas de las jugadas de peligro que los madrileños iniciaron. Por otro lado, una fantástica conexión con Navas y una impresionante claridad en los pases le permitieron emprender algunas aventuras ofensivas que provocaron desconcierto en la defensa y rival, valiéndole incluso para sacar un tiro que obligó a Oblak a firmar una de las paradas del encuentro. Además, su dominio casi total de la banda y su perfecta cobertura a Jesús Navas dieron libertad al canterano para ser un puñal casi imparable por las bandas.

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