Llega, por fin, la cita definitiva para la temporada del Sevilla Fútbol Club. Ya está aquí la final de Copa. Desde el 7 de febrero, cuando eliminó al Leganés, al equipo le ha sobrado la Liga. Dos meses en los que, salvo en la Champions, el Sevilla ha dejado de competir. Ha dilapidado la renta que tenía sobre los rivales por la Europa League y ha dejado escapar la cuarta plaza.

Más de dos meses

En este sentido, al Sevilla le ha perjudicado este larguísimo periodo de más de dos meses. El calendario futbolístico español tiene múltiples disfunciones y una de ellas es esta. Nada menos que once jornadas de Liga ha tenido que afrontar el Sevilla entre la semifinal y la final de Copa. Demasiado tiempo y demasiadas citas en las que el equipo ya no estaba interesado. Cuatro victorias y dos empates, 13 goles marcados y 18 encajados.

Ahora, la final de la Copa del Rey se convierte en la clave para poner punto final, en cuanto a consecución de objetivos se refiere. Si se gana, el Sevilla podrá comenzar ya a rectificar las carencias que ha tenido la plantilla este año.

Para un club del tamaño del Sevilla, anotarse un título de Copa del Rey tiene un valor importantísimo, que incluso puede paliar la decepcionante Liga. Además, supone la clasificación directa para la fase de grupos de la Europa League, haciendo, por tanto,  innecesario que el equipo se meta quinto o sexto en la Liga.

Es, a la vez, la maldición y la bendición de este deporte. 90 minutos en campo neutral, incluso con 30 de prorroga y tanda de penaltis, dictan sentencia sobre el trabajo que se ha hecho, o no, durante tantos meses. Es así. Por eso el aficionado al fútbol maldice o celebra. Se gasta un dinero que tanto le cuesta reunir y se desplaza a donde sea.

La sexta Copa o seguir sufriendo

El Sevilla llevará el sábado 21 de abril esta máxima del fútbol al extremo. Todo o nada. Dependiendo de lo que ocurra en el Wanda Metropolitano, la temporada estará hecha o habrá que seguir remando, cinco agónicas jornadas más, para alcanzar un objetivo que sabría a muy poco. Sería insuficiente. Todos los huevos han terminado en la misma cesta. Una temporada en la que se habían puesto muchas ilusiones que solo se verán cumplidas si se abre la vitrina.

El Sevilla se ha ganado a pulso, para bien y para mal, estar en tan delicada tesitura. Su culpa es no haber hecho los deberes en la Liga y su mérito es haberlos hecho en Copa. Ahora está en su mano poner fin a la temporada para empezar ya a reparar las disfunciones de la plantilla de cara a la temporada que viene. De lo contrario, habrá que seguir apretando para salvar los muebles.

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